Publicado por
El director ofrece su particular visión de su ciudad y reflexiona en el festival de las letras Gutun Zuria sobre la influencia que tiene en su obra

Alex de la Iglesia en La Alhondiga de Bilbao. FOTO: Fernando Gómez

Alex de la Iglesia en La Alhondiga de Bilbao. FOTO: Fernando Gómez
Escrito en Cine | Etiquetado Alex de la Iglesia, Bilbao | 1 comentario
Dos publicaciones se acercan, desde diferentes postulados, al mundo del rock
Qué hacen los rockeros minutos antes de salir al escenario? ¿Qué piensan instantes después de haber actuado ante miles de personas? ¿Qué ocurre en el ‘backstage’ de las estrellas? ¿Cómo reaccionan ante las críticas de la prensa especializada? ¿Y ante la opinión, no siempre benévola, del público? ¿Qué sienten en las largas temporadas que pasan alejados de los escenarios? Y lo que es más importante, ¿en algún momento dudan, tienen miedo, y padecen inseguridades, como el resto de los mortales? Robert Hilburn, crítico de ‘Los Ángeles Times’ capaz de provocar cambios en el repertorio previsto por Bob Dylan para uno de sus conciertos, tiene la respuestas a esas preguntas, y a tantas otras.
En ‘Desayuno con John Lennon (y otras crónicas para la historia del rock)’, editado por Turner, Hilburn recorre los hitos del género desde su propia experiencia como periodista musical, narrando en primera persona el trajín que rodeaba a cada una de las entrevistas realizadas a las figuras más representativas de aquella música que, durante un tiempo, hizo soñar a sus fieles seguidores con poder cambiar el rumbo de la propia Historia. Con mayúsculas. Pero lo que diferencia la obra de Hilburn de otras aproximaciones a la historia del rock es la verdadera amistad que el crítico acabó labrando con todos aquellos que empezaron resistiéndose a ser entrevistados y acabaron recurriendo a él para pedir consejo, compartir unas cervezas mientras departían sobre música, o simplemente, desahogarse. Lo cierto es que Hilburn conseguía que los artistas, por lo general recelosos con la prensa, acabaran abriéndose a él.
Bob Dylan llevaba años sin conceder entrevistas cuando, en 1978, anunció que estaba dispuesto a responder a las preguntas de algunos periodistas, dentro de una campaña de promoción que el artista necesitaba en aquel tiempo. Llegaron más de 150 solicitudes procedentes de todo el mundo. Paul Wasserman, publicista encargado del marketing de aquella gira, decidió conceder diez. «Mientras (Waserman) le explicaba por qué era fundamental que las hiciera, Bob miró la lista, cogió un bolígrafo y tachó todos los nombres menos tres. El mío fue uno de los que se salvó», escribe Hilburn. Durante ese encuentro, y en los que se irían sucediendo en los años siguientes entre el crítico y el padre del rock, el periodista descubre que a ese monstruo de la música aparentemente inquebrantable le importaba, y mucho, lo que los demás dijeran de él.
Los artículos de Hilburn sirvieron en ocasiones para lanzar la carrera de algunos artistas que apenas empezaban a despuntar , como Elton John; en otras, para potenciar los logros de los ya consagrados, fortaleciendo así la apuesta personal de unos creadores que rompían, con cada disco, las reglas establecidas (Bruce Springsteen, U2, Nirvana…) y también, aunque en menor medida, a poner en su sitio a algunas figuras que, a pesar de un talento innegable, habían conducido su carrera por el mal camino: Michael Jackson o el Elvis Presley de los últimos años.
Con ellos, y muchos otros, se reunió en los diversos momentos de sus carreras y mantuvo conversaciones que trascendían el ámbito profesional, lo que le permitió penetrar en terrenos personales nunca antes explorados por nadie. Hilburn descubre así la vulnerabilidad de unos artistas que se antojan sin fallos ni fisuras pero que, muy al contrario de lo que habitualmente se mantiene, sufren la presión de su propia imagen y su supuesta perfección.
El estatus de ídolo
«Las estrellas de rock de finales de los sesenta se consideraban dioses de la cultura pop», cuenta Hilburn. «Entonces yo no tenía ni idea de lo difícil que les resultaba adaptarse a ese estatus de ídolos, y en especial a alguien como Janis (Joplin), cuya creatividad se alimentaba de una falta de autoestima profundamente enraizada. Como aprenderíamos años más tarde con el suicidio de Kurt Cobain, ninguna generación está a salvo de las presiones y tentaciones de la fama».
La propuesta de Hilburn no pretende ser un exhaustivo análisis de todos y cada uno de los acontecimientos que marcaron la marcha de un estilo de música que, asimismo, condicionó el modo de vida de varias generaciones, especialmente entre los años 50 y 80. Por eso, y a diferencia de otras revisiones históricas sobre el rock, ‘Desayuno con John Lennon’ está muy lejos de esos fríos listados de fechas, nombres, títulos y lugares a los que con demasiado frecuencia se recurre en los mil y un intentos de abordar la crónica del rock. Se trata de una visión personal y cercana de las subidas y bajadas de las grandes personalidades del rock.
Cuentos de rockero
‘Simpatía por el relato’ propone otro viaje a la trastienda del rocanrol, aunque de un modo diferente a lo visto hasta el momento y con sabor autóctono. Se trata de una antología de relatos escritos por 32 vocalistas y compositores de bandas de rock españolas. En la propuesta, que viene de la mano de la editorial Drakul y llegará a las librerías en noviembre, participan Julián Hernández (Siniestro total), Enrique Villarreal ‘El Drogas’ (Barricada), Rubén Pozo y ‘Leiva’ (Pereza), Kutxi Romero (Marea), Kike Suárez ‘Babas’ (‘Kike Suárez & La desbandada’) y Agnes (Lilith), entre otros.
Los artífices de la idea, los también escritores Patxi Irurzun y Esteban Gutiérrez, quisieron compilar relatos que versaran sobre el rock escritos por los propios protagonistas del mundillo. El resultado final, sin embargo, es un libro con narraciones que sobrepasan las fronteras del lema ‘sexo, drogas y rock&roll’. «A los músicos hay que dejarles a su aire. ¿Que te salen con un cuento de fantasmas o uno infantil? Pues, tira, al final el libro resulta caótico, desigual, lleno de trallazos, medios tiempos, baladas… ¿Hay algo más rockero que eso?», se pregunta Irurzun.
El relato de Agnes, cantante y compositora de Lilith, lleva por título ‘Estrellita y la canción de soledad’. Se trata de un cuento aparentemente para niños, acompañado incluso por las ilustraciones habituales en ese tipo de ediciones y que ha realizado la propia artista para la ocasión, pero que esconde en realidad una metáfora sobre la pérdida de la inocencia en «un mundo de hienas». «He intentado trasladar el sentimiento que tenía hacia el rock cuando empecé, que era muy inocente y puro, como son los niños y que hoy en día he perdido totalmente», explica Agnes.
Tirando de ingredientes autobiográficos, Kutxi Romero -frontman de Marea- ha escrito ‘Barrizal’, relato que narra unas horas en la vida de un personaje que se pasea por su barrio, en el extrarradio de la ciudad, trasunto en realidad de su Berriozar (Pamplona) de origen. «Es el lugar donde vivo y he crecido. El culo del culo de la ciudad», explica con honestidad. «Es un fragmento de una novela que escribí hace años y que nunca publiqué, porque me siento un intruso en la literatura».
«Joder, esto lo va a leer todo el mundo, esmérate». Ese pensamiento rondaba la cabeza de Rubén Pozo, del grupo Pereza, antes de comenzar a escribir su relato para la antología. «Cuando desterré ese pensamiento con un ‘a la mierda’, por fin pude empezar». Como resultado de la liberación tras el exabrupto, surgió ‘Una mañana’, «un relato sobre un chaval que hace ‘pellas’ por primera vez”» A este músico y letrista que ha compuesto algunas de las canciones más veneradas del pop español más reciente le preocupaban, especialmente, los diálogos: «Sólo quería que quedaran reales».
‘Todos los palos’ es, por otro lado, la propuesta realizada por Kike Suárez ‘Babas’ (Kike Suárez & La Desbandada) para la antología. Se trata de un ambicioso retrato del mundo del rock a través de 13 micro-relatos: el público, el autor, la prensa, el segurata, el fan, la fama, el taquillero, el circo (I y II), los grupos, los camerinos, el managament y los sponsors. «En el mundo de la música he ejercido, aparte de cantante, de crítico musical, de manager, de jefe de producción, de pegador de carteles, de taquillero, de video-realizador y, por encima de todo, de fan. He tocado muchos palos, de ahí el título», explica ‘Babas’.
¿Qué aporta al panorma literario un libro de relatos escrito por rockeros? Para Agnes, el simple hecho de lavarle la cara al rock ya sería un objetivo cumplido: «En este país nos tienen por delincuentes o, en el mejor de los casos, por drogadictos e ignorantes de la vida que no sabemos ni hablar. Este libro demuestra que no es verdad, que somos muchas más cosas». Para el integrante de Pereza, por su parte, resulta «interesante ver cómo se desenvuelve gente especializada en escribir cosas arropadas por música en el más absoluto silencio». Kike Súarez ‘Babas’ cree que la experiencia se queda en una anécdota simpática: «Lo mismo que si un montón de escritores grabasen un disco, sería una anécdota curiosa en el panorama musical, pero no creo que pasase de ahí».
Puede que la aportación de la treintena de músicos colaboradores en la antología ‘Simpatía por el relato’ no vaya a revolucionar el mundo de las letras, pero lo que sí hará es aportar su granito de arena a que el planeta sea un poco mejor. Los autores han cedido sus derechos de autor a diversas organizaciones benéficas.
Escrito en Literatura, Música | Etiquetado Bob Dylan, Bono, Desayuno con John Lennon, Elvis Presley, Janis Joplin, John Lennon, Kurt Cobain, Michael Jackson, Robert Hilburn, Simpatía por el relato | Deja un Comentario »
(12/07/2010)
Serge Gainsbourg fue pintor, cantante, compositor, cineasta y azote de la moral burguesa
Gainsbourg el feo, el irreverente, el dandi maldito de la ‘chanson’ francesa viene dispuesto a conquistarnos veinte años después de su muerte. Su arma de seducción es esta vez un ‘biopic’ (‘Gainsbourg. Vida de un héroe’, de Joann Sfar, estrenada el pasado fin de semana), que narra los años centrales de su carrera artística, vertebrada por su afición a la bebida, los cigarrillos ‘Gitanes’ y las mujeres bonitas. El ‘mènage á trois’ de su adicción. El día de su muerte, ‘Liberation’ resumió las andanzas de este insolente embaucador con un clarividente epitafio: «Había bebido demasiados cigarrillos».


s constante. Vuelve a grabar con ella ‘J t’aime… moi non plus’, un diálogo a base de gemidos que reproduce un encuentro sexual y que terminará conviertiéndose en el himno erótico por excelencia. Birkin se instala junto a su hija Kate (fruto de su relación con el compositor John Barry) en la casa que Gainsbourg había comprado para B.B. en la Rue Verneil, decorada íntegramente de negro, a imitación del hogar de Dalí en Montmartre. Tienen una hija, pero Gainsbourg cada vez bebe y fuma más y ella no aguanta sus excesos. Se separan en 1980.
ver’, en la que se incluye la canción ‘Lemmon incest’, interpretada por padre e hija en parecidos términos al ‘Je t’aime’. Vuelve a desatarse la polémica. Heredera del carisma paterno, ella gana la Palma de Oro en Cannes en 2009 por ‘Anticristo’, de Lars Von Trier. Acaba de editar ‘IRM’, disco producido por Beck, y es imagen de la última fragancia de Balenciaga.:
Escrito en Uncategorized | Deja un Comentario »
Lady Gaga sabía lo que se hacía cuando tituló su primer álbum como ‘The fame’ (La fama). Visionaria o calculadora, probablemente ambas cosas, lo cierto es que la nueva reina del pop ha protagonizado una carrera meteórica que le ha llevado en apenas dos años a batir todos los récords de popularidad: acaba de proclamarse la persona viva con la mayor legión de seguidores en Facebook (sólo superada por Michael Jackson) y por encima del mismísimo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.Escrito en Uncategorized | Deja un Comentario »
Publicado por
(4/09/2010)

'America Swings', de Naomia Harris; editado por Taschen
FICHA
TÍTULO: ‘America Swings’
AUTORA: Namoi Harris
EDITORIAL: Taschen
PVP: 29,99 €
La fotógrafa Naomi Harris, presente en GetxoPhoto, retrata las reuniones de intercambio de parejas en EE UU
“Swinging”. Intercambio de parejas con el objetivo de practicar sexo. Existen diversos niveles: personas que sólo quieren que las miren, otras que sólo quieren observar, algunas a las que les basta con tocar y muchas que buscan sexo en grupo. La canadiense Naomi Harris (Toronto, 1973) ha dedicado 4 años de su vida a fotografiar 38 encuentros sexuales celebrados a lo largo y ancho de Estados Unidos. El resultado: un sinfín de imágenes entre lo grotesco y lo bizarro que retratan los hábitos sexuales del americano medio y que ahora recoge la editorial Taschen bajo el título “America Swings”.
«El “swinger” es una persona de entre 35 y 55 años, blanca, de clase media-alta, con estudios y sexualmente liberal, aunque a menudo son muy cristianos y republicanos», aclara Harris, que estos días ofrece una muestra de su trabajo en GetxoPhoto. Se reconoce incapaz de explicar «la contradicción entre esa libertad sexual y votar a Bush». «Soy canadiense», se justifica, «y hay muchos aspectos de la cultura americana que me resultan ridículos».
Las imágenes de Harris no son eróticas. Ni mucho menos. Tampoco pornográficas. Parecen más bien una caricatura depravada sobre personas con extrañas inclinaciones sexuales. Pero ni siquiera es eso, porque, de hecho, entre la acción de los protagonistas y la imagen tomada no existe intervención alguna. «Hago fotografía documental», explica Harris. «La pornografía busca intencionadamente excitar sexualmente al que la mira. Mis fotos no pretenden eso, incluso cuando muestran a gente teniendo sexo. Yo recojo el acto que unas personas están haciendo en un preciso momento, igual que si estuvieran acudiendo a un partido de béisbol».
Parejas desnudas posando ante el objetivo mientras cocinan, se besan, tocan, lamen; orgías gastronómicas alrededor de una mesa en el día de Acción de Gracias que dan paso a bacanales sexuales; sexo oral, “voyeurs” de todo tipo -incluida una mujer que observa un cunnilingus mientras, impasible, se cepilla los dientes- objetos
sexuales de diversa índole… Y mucha banderita americana. El orgullo patrio acompaña la mayoría de los momentos registrados por la cámara de Harris, testigo fiel de una realidad que causa estupor y curiosidad a partes iguales.
«A la gente le incomoda que retrate a personas desnudas», se queja Harris. Ya, ¿pero qué hay del sexo como reclamo? ¿No es cierto , acaso, que vende? «Sí, el sexo vende, pero cuando muestras a gente atractiva. Yo retrato al americano medio. El 30% de la población estadounidense es obesa, y la gente no quieren ver imágenes que les recuerdan a ellos mismos. La sociedad premia la juventud, el lujo, a la gente rica… Nunca verás una modelo de talla grande en la portada de Playboy».
Miles de personas acuden a las “swinging parties”, «desde madres a las que podrías encontrar en la cola del supermercado a maestras de escuela». La canadiense asiste a esas fiestas -que a menudo tienen lugar en cámpings, potenciando aún más el lado chabacano que destilan las imágenes- después de que se le conceda el permiso que previamente ha solicitado. «No me escondo para hacer las fotografías. Trabajo con una cámara grande que tiene también un flash enorme. Siempre hago las fotos con flash, nunca disparo a traición ni fuerzo a nadie a hacer algo que no quiere», confiesa Harris, que acomoda sin problemas su vestuario para la ocasión, aunque eso signifique tener que trabajar desnuda. «Todos adaptamos nuestro estilismo según la ocasión».
La práctica del swinging se da sobre todo en los barrios periféricos, no tanto en las ciudades. «La vida allí es más aburrida y la gente busca nuevos estímulos», apunta Harris. Esas fiestas tienen, también, mucho de interacción social. «Van a hablar, a relacionarse. Muchos son muy buenos amigos. Se crea una especie de comunidad en la que se cuidan, se protegen».
Que nadie espere modelos esculturales ni cuerpos diez en la obra de Harris. Es, simplemente, sexo anodino entre gente anodina. Hasta el 3 de octubre en Amezti 6, Algorta (Bizkaia).
Escrito en Arte, Fotografía | Etiquetado America Swings, GetxoPhoto, Naomi Harris, Swingers, Swinging | Deja un Comentario »
Las relaciones de pareja se fundamentan en el amor romántico, un modelo que ensalza el sufrimiento y, según algunos expertos, propicia la violencia de género

Culpo a Disney de mis altas expectativas en cuanto a hombres es el nombre de uno de los grupos más populares de la red social Facebook. Tiene más de 345.000 seguidores (19/5/2010). Esa declaración aparentemente intrascendente esconde una cuestión de hondo calado: la influencia de los productos culturales en la consolidación del modelo de amor romántico y la irremediable frustración a la que conduce.
“El amor se nos vende como un estado permanente e ideal con el que alcanzar la felicidad. Expectativas desmesuradas y ansias de perfección nos mantienen buscando el ideal sin conseguirlo”. Coral Herrera Gómez es doctora en Humanidades y está a punto de publicar el libro La construcción sociocultural del amor romántico. Es autora, además, de la web especialistaenamor.com.
Se aprende a amar de
acuerdo al ideal del amor romántico construido en el siglo XIX. Este invento se ha implantado ynaturalizado en el mundo occidental gracias, entre otras cosas, a la literatura y al cine. Cuentos populares y películas made in Hollywood transmiten un modelo de amor basado en la idea de que cuantos más obstáculos y problemas atraviesa una relación, más auténtica es la historia de amor.
Pero el amor romántico no afecta del mismo modo a mujeres y a hombres. “El romanticismo es un producto de la cultura patriarcal”, explica Herrera Gómez. “El hombre joven tiene un rol de animal salvaje. Vive aventuras, huye del compromiso, disfruta de las mujeres. Una vez casado, se le asigna el rol de protector. La mujer ejerce un rol pasivo, esperando a que llegue el príncipe azul que le otorga identidad y colma su vacío existencial”. (Leer entrevista completa).
Sin embargo, no todo son beneficios para el hombre. “En ese papel activo está la trampa”, matiza Josetxu Riviere, encargado de cuestiones de Género, Igualdad y Masculinidades en la consultoría Aizak y autor del artículo Los hombres, el amor y la pareja. “La imagen de conquistador puede ser altamente frustrante para el hombre. Tiene que tomar la iniciativa, conquistar, enamorar, ser un campeón. Y eso crea frustración cuando no se responde al modelo ideal”.
E
n 2009, casi el 50% de las víctimas mortales por violencia de género tenían menos de 35 años, según un informe del Consejo General del Poder Judicial. El Área de Igualdad, Cooperación y Ciudadanía del Ayuntamiento de Bilbao, a través de su Guía para mujeres, advierte que “la ilusión desmedida en el amor facilita la pérdida de visión ante situaciones con aparentes muestras de amor pero con verdaderas situaciones de abuso y desigualdad”. El consistorio bilbaíno ha puesto en marcha una web dirigida a jóvenes (geubiok.com) para debatir sobre las relaciones de noviazgo y prevenir la violencia de género. Colabora Irati Fernández Pujana, autora de la tesis El mito del amor romántico como factor de riesgo de la violencia de género en la pareja.
Escrito en Hombre, Mujer, Sexismo, Uncategorized | Etiquetado Amor romántico, Disney, violencia de género | 7 Comentarios »