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(11/10/2010)

El director ofrece su particular visión de su ciudad y reflexiona en el festival de las letras Gutun Zuria sobre la influencia que tiene en su obra

Alex de la Iglesia en La Alhondiga de Bilbao. FOTO: Fernando Gómez

La deformación física y psíquica de los personajes, la caricatura grotesca y cierta tendencia al feísmo caracterizan el universo creativo del bilbaíno más internacional del momento. Álex de la Iglesia reconoce la fuerte influencia que su ciudad natal ha ejercido en ese imaginario oscuro, fantasioso y plagado de una violencia que sirve, en última instancia, como vehículo para criticar los males de la sociedad actual. El presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España fue el encargado de echar el cierre ayer al festival literario Gutun Zuria, que en esta edición ha querido hacer hincapié en la relación de los escritores con sus ciudades. Ganador del León de Plata al mejor director y la Osella al mejor guión por ‘Balada triste de trompeta’ en la última Mostra de Venecia, el cineasta rememora sus tiempos de juventud en el Bilbao anterior al Guggenheim.
– Después de un mes viajando sin parar -Venecia, San Sebastián, Toronto, Austin, Madrid…- llega a Indautxu, el barrio en el que creció.
– A doscientos metros de la casa de mi madre. Espero tener tiempo para verla.
– ¿Qué significa para usted volver a Bilbao?
– Vivo con total intensidad la sensación de que todos los chistes se refieren a mí porque uno no sale de Bilbao cuando viaja por el mundo. Todo se puede encontrar aquí, es un pequeño microcosmos, una retorta en la que hierven todos los jugos que existen en el mundo. En esta especie de agujero puedes encontrar cualquier cosa. De hecho, conozco prácticamente todo el mundo -salvo la Isla de Pascua, que por otro lado, me gustaría conocer- y no he encontrado nada que no haya visto antes aquí.
-¿Qué influencia ha ejercido Bilbao en su universo creativo?
-Lo ha hecho en dos ámbitos. Uno visual y otro moral. El lugar condiciona mucho y existe, además, una transformación geográfica, política y cultural en Bilbao que se corresponde con fases de mi vida.
– ¿Cómo era ese Bilbao que ha dejado huella en su obra?
– Crecí viendo el cielo rojo por las noches, el cielo ardiendo por los Altos Hornos de Vizcaya. Recuerdo que Sestao para mí era el infierno.
– Una imagen que ha traslado a algunas de sus películas.
– Sin duda, siempre lo hago. Ahora, sin embargo, Bilbao es todo lo contrario, es una ciudad colorista, alegre. De hecho, creo que hay una zona de la ría donde la gente se baña y todo. Eso sí que es ciencia ficción para mí.
La felicidad perfecta
– Sin embargo, sus películas beben más bien de aquel Bilbao gris en el que creció. ¿Qué lugares frecuentaba en su juventud?
– Era carne de Casco Viejo. Estudiaba Filosofía en Deusto e iba de la Universidad al Casco Viejo y del Casco Viejo a la Universidad. Recuerdo haber hecho muchos amigos. Las mejores personas que he conocido fue en aquella época, en Barrencalle. Solíamos ir al Gure Txoko, al Katu… Pero el paraíso perdido era el Gaueko. No sé si hoy seguirá abierto.
– ¿Ha intentado volver a alguno de esos sitios?
– Siempre vuelvo al Iruña. Allí tomo pinchos morunos, que para mí es como paladear mi infancia, por eso vuelvo sistemáticamente. Es como volver a sentir el aroma de mi niñez.
– ¿Cómo recuerda aquellos años de su infancia?
– Ir a la Plaza Nueva, cambiar cromos, comer gambas y luego ir a Iturribide a comer pinchos morunos y tigres es el esquema perfecto de la felicidad. Nunca he sido más feliz como en Iturribide, con mi padre, comiendo pinchos morunos en el Melilla y Fez.
– En los 80, el ambiente en las calles de Bilbao era especialmente turbulento. A los enfrentamientos entre trabajadores y Policía por los cierres de los astilleros y Altos Hornos se unía la kale borroka, especialmente intensa en aquellos años. ¿La recurrencia a la violencia en sus películas tiene algo que ver con lo que usted veía a su alrededor?
– Totalmente. Ha condicionado mi vida. Era el momento en el que estaba tomando decisiones acerca de cómo era el mundo y empezaba a establecer estructuras mentales sobre las que sustentar la personalidad, y daba la casualidad de que ese mundo estaba absolutamente condicionado por la violencia. Yo la viví desde muy pequeño, estaba a mi alrededor, en un entorno muy cercano.
– ¿Recuerda algún ejemplo?
– Tenía 4 años. Era primavera. Recuerdo perfectamente un tiroteo entre la Policía y ETA enfrente del colegio de los Jesuitas. Dispararon contra la tienda de chucherías de Fernando, en Alameda Urquijo -de hecho, durante muchísimos años, se pudieron ver los agujeros de bala- y me recuerdo recogiendo los casquillos de bala, que estaban mezclados con regalices rojos y con sangre. Me veo cogiéndolo todo a la vez, con la misma mano. Creo que eso define bastante mi carácter.
«No había ciudad más punk»
– Es una imagen, por otro lado, bastante cinematográfica.
– Sí, la recordé por primera vez en Venecia, cuando alguien me preguntó por qué había tanta violencia en mis películas. Y me vino esa imagen a la cabeza.
– ¿No lo había pensado antes?
– Nunca lo conté. En Bilbao, en aquella época, no era un tema de conversación.
– Ahora, sin embargo, se siente más libre para hablar de ello.
– Siento que ha pasado el tiempo&hellip Me siento más viejo, no más libre.
– ¿Cómo ha vivido la transformación de Bilbao, que ha pasado de ser una ciudad gris, sucia e industrial a ser un modelo ejemplar de urbanismo en todo el mundo?
– Al principio con dolor. Me daba la sensación de que estaba desapareciendo aquello que yo más quería en el mundo: la Margen Izquierda, el color gris de las paredes, esa sensación infernal que infestaba mi vida, mi alma, mis relaciones. A mí me gustaba ese Bilbao. No había una ciudad más punk que Bilbao, no ha habido punks más verdaderos que los de Bilbao. Pero a la vez, con el tiempo, me he dado cuenta de que Bilbao ahora es mejor que antes. La gente es más feliz.

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(16/10/2010)

Dos publicaciones se acercan, desde diferentes postulados, al mundo del rock

Qué hacen los rockeros minutos antes de salir al escenario? ¿Qué piensan instantes después de haber actuado ante miles de personas? ¿Qué ocurre en el ‘backstage’ de las estrellas? ¿Cómo reaccionan ante las críticas de la prensa especializada? ¿Y ante la opinión, no siempre benévola, del público? ¿Qué sienten en las largas temporadas que pasan alejados de los escenarios? Y lo que es más importante, ¿en algún momento dudan, tienen miedo, y padecen inseguridades, como el resto de los mortales? Robert Hilburn, crítico de ‘Los Ángeles Times’ capaz de provocar cambios en el repertorio previsto por Bob Dylan para uno de sus conciertos, tiene la respuestas a esas preguntas, y a tantas otras.

En ‘Desayuno con John Lennon (y otras crónicas para la historia del rock)’, editado por Turner, Hilburn recorre los hitos del género desde su propia experiencia como periodista musical, narrando en primera persona el trajín que rodeaba a cada una de las entrevistas realizadas a las figuras más representativas de aquella música que, durante un tiempo, hizo soñar a sus fieles seguidores con poder cambiar el rumbo de la propia Historia. Con mayúsculas. Pero lo que diferencia la obra de Hilburn de otras aproximaciones a la historia del rock es la verdadera amistad que el crítico acabó labrando con todos aquellos que empezaron resistiéndose a ser entrevistados y acabaron recurriendo a él para pedir consejo, compartir unas cervezas mientras departían sobre música, o simplemente, desahogarse. Lo cierto es que Hilburn conseguía que los artistas, por lo general recelosos con la prensa, acabaran abriéndose a él.

Bob Dylan llevaba años sin conceder entrevistas cuando, en 1978, anunció que estaba dispuesto a responder a las preguntas de algunos periodistas, dentro de una campaña de promoción que el artista necesitaba en aquel tiempo. Llegaron más de 150 solicitudes procedentes de todo el mundo. Paul Wasserman, publicista encargado del marketing de aquella gira, decidió conceder diez. «Mientras (Waserman) le explicaba por qué era fundamental que las hiciera, Bob miró la lista, cogió un bolígrafo y tachó todos los nombres menos tres. El mío fue uno de los que se salvó», escribe Hilburn. Durante ese encuentro, y en los que se irían sucediendo en los años siguientes entre el crítico y el padre del rock, el periodista descubre que a ese monstruo de la música aparentemente inquebrantable le importaba, y mucho, lo que los demás dijeran de él.

Los artículos de Hilburn sirvieron en ocasiones para lanzar la carrera de algunos artistas que apenas empezaban a despuntar , como Elton John; en otras, para potenciar los logros de los ya consagrados, fortaleciendo así la apuesta personal de unos creadores que rompían, con cada disco, las reglas establecidas (Bruce Springsteen, U2, Nirvana…) y también, aunque en menor medida, a poner en su sitio a algunas figuras que, a pesar de un talento innegable, habían conducido su carrera por el mal camino: Michael Jackson o el Elvis Presley de los últimos años.

Con ellos, y muchos otros, se reunió en los diversos momentos de sus carreras y mantuvo conversaciones que trascendían el ámbito profesional, lo que le permitió penetrar en terrenos personales nunca antes explorados por nadie. Hilburn descubre así la vulnerabilidad de unos artistas que se antojan sin fallos ni fisuras pero que, muy al contrario de lo que habitualmente se mantiene, sufren la presión de su propia imagen y su supuesta perfección.

El estatus de ídolo

«Las estrellas de rock de finales de los sesenta se consideraban dioses de la cultura pop», cuenta Hilburn. «Entonces yo no tenía ni idea de lo difícil que les resultaba adaptarse a ese estatus de ídolos, y en especial a alguien como Janis (Joplin), cuya creatividad se alimentaba de una falta de autoestima profundamente enraizada. Como aprenderíamos años más tarde con el suicidio de Kurt Cobain, ninguna generación está a salvo de las presiones y tentaciones de la fama».

La propuesta de Hilburn no pretende ser un exhaustivo análisis de todos y cada uno de los acontecimientos que marcaron la marcha de un estilo de música que, asimismo, condicionó el modo de vida de varias generaciones, especialmente entre los años 50 y 80. Por eso, y a diferencia de otras revisiones históricas sobre el rock, ‘Desayuno con John Lennon’ está muy lejos de esos fríos listados de fechas, nombres, títulos y lugares a los que con demasiado frecuencia se recurre en los mil y un intentos de abordar la crónica del rock. Se trata de una visión personal y cercana de las subidas y bajadas de las grandes personalidades del rock.

Cuentos de rockero

‘Simpatía por el relato’ propone otro viaje a la trastienda del rocanrol, aunque de un modo diferente a lo visto hasta el momento y con sabor autóctono. Se trata de una antología de relatos escritos por 32 vocalistas y compositores de bandas de rock españolas. En la propuesta, que viene de la mano de la editorial Drakul y llegará a las librerías en noviembre, participan Julián Hernández (Siniestro total), Enrique Villarreal ‘El Drogas’ (Barricada), Rubén Pozo y ‘Leiva’ (Pereza), Kutxi Romero (Marea), Kike Suárez ‘Babas’ (‘Kike Suárez & La desbandada’) y Agnes (Lilith), entre otros.

Los artífices de la idea, los también escritores Patxi Irurzun y Esteban Gutiérrez, quisieron compilar relatos que versaran sobre el rock escritos por los propios protagonistas del mundillo. El resultado final, sin embargo, es un libro con narraciones que sobrepasan las fronteras del lema ‘sexo, drogas y rock&roll’. «A los músicos hay que dejarles a su aire. ¿Que te salen con un cuento de fantasmas o uno infantil? Pues, tira, al final el libro resulta caótico, desigual, lleno de trallazos, medios tiempos, baladas… ¿Hay algo más rockero que eso?», se pregunta Irurzun.

El relato de Agnes, cantante y compositora de Lilith, lleva por título ‘Estrellita y la canción de soledad’. Se trata de un cuento aparentemente para niños, acompañado incluso por las ilustraciones habituales en ese tipo de ediciones y que ha realizado la propia artista para la ocasión, pero que esconde en realidad una metáfora sobre la pérdida de la inocencia en «un mundo de hienas». «He intentado trasladar el sentimiento que tenía hacia el rock cuando empecé, que era muy inocente y puro, como son los niños y que hoy en día he perdido totalmente», explica Agnes.

Tirando de ingredientes autobiográficos, Kutxi Romero -frontman de Marea- ha escrito ‘Barrizal’, relato que narra unas horas en la vida de un personaje que se pasea por su barrio, en el extrarradio de la ciudad, trasunto en realidad de su Berriozar (Pamplona) de origen. «Es el lugar donde vivo y he crecido. El culo del culo de la ciudad», explica con honestidad. «Es un fragmento de una novela que escribí hace años y que nunca publiqué, porque me siento un intruso en la literatura».

«Joder, esto lo va a leer todo el mundo, esmérate». Ese pensamiento rondaba la cabeza de Rubén Pozo, del grupo Pereza, antes de comenzar a escribir su relato para la antología. «Cuando desterré ese pensamiento con un ‘a la mierda’, por fin pude empezar». Como resultado de la liberación tras el exabrupto, surgió ‘Una mañana’, «un relato sobre un chaval que hace ‘pellas’ por primera vez”» A este músico y letrista que ha compuesto algunas de las canciones más veneradas del pop español más reciente le preocupaban, especialmente, los diálogos: «Sólo quería que quedaran reales».

‘Todos los palos’ es, por otro lado, la propuesta realizada por Kike Suárez ‘Babas’ (Kike Suárez & La Desbandada) para la antología. Se trata de un ambicioso retrato del mundo del rock a través de 13 micro-relatos: el público, el autor, la prensa, el segurata, el fan, la fama, el taquillero, el circo (I y II), los grupos, los camerinos, el managament y los sponsors. «En el mundo de la música he ejercido, aparte de cantante, de crítico musical, de manager, de jefe de producción, de pegador de carteles, de taquillero, de video-realizador y, por encima de todo, de fan. He tocado muchos palos, de ahí el título», explica ‘Babas’.

¿Qué aporta al panorma literario un libro de relatos escrito por rockeros? Para Agnes, el simple hecho de lavarle la cara al rock ya sería un objetivo cumplido: «En este país nos tienen por delincuentes o, en el mejor de los casos, por drogadictos e ignorantes de la vida que no sabemos ni hablar. Este libro demuestra que no es verdad, que somos muchas más cosas». Para el integrante de Pereza, por su parte, resulta «interesante ver cómo se desenvuelve gente especializada en escribir cosas arropadas por música en el más absoluto silencio». Kike Súarez ‘Babas’ cree que la experiencia se queda en una anécdota simpática: «Lo mismo que si un montón de escritores grabasen un disco, sería una anécdota curiosa en el panorama musical, pero no creo que pasase de ahí».

Puede que la aportación de la treintena de músicos colaboradores en la antología ‘Simpatía por el relato’ no vaya a revolucionar el mundo de las letras, pero lo que sí hará es aportar su granito de arena a que el planeta sea un poco mejor. Los autores han cedido sus derechos de autor a diversas organizaciones benéficas.

PUBLICADO POR (12/07/2010)

El cine recupera la figura del cantante Serge Gainsbourg, donjuán grotesco y cínico provocador

Serge Gainsbourg fue pintor, cantante, compositor, cineasta y azote de la moral burguesa

Gainsbourg el feo, el irreverente, el dandi maldito de la ‘chanson’ francesa viene dispuesto a conquistarnos veinte años después de su muerte. Su arma de seducción es esta vez un ‘biopic’ (‘Gainsbourg. Vida de un héroe’, de Joann Sfar, estrenada el pasado fin de semana), que narra los años centrales de su carrera artística, vertebrada por su afición a la bebida, los cigarrillos ‘Gitanes’ y las mujeres bonitas. El ‘mènage á trois’ de su adicción. El día de su muerte, ‘Liberation’ resumió las andanzas de este insolente embaucador con un clarividente epitafio: «Había bebido demasiados cigarrillos».

Trovador de lo erótico, ‘enfant terrible’ hasta el último de sus días, Serge Gainsbourg ondeaba la bandera de la provocación. Su país no le perdonaba las constantes transgresiones del género patrio, la ‘chanson’, que tenía por aquel entonces en una atormentada Édith Piaf a su máxima representante. Pero lo que realmente no toleraban sus paisanos era que aquel hombre poco agraciado, narigudo y con orejas grandes conquistara a las mujeres más bellas del país. «La fealdad tiene algo superior a la belleza: dura más», respondía él con cinismo arrogante.
Quizá no fuera un gran cantante, pero supo aprovechar sus limitaciones haciendo del canto susurrado su mayor atractivo. No obstante, sus éxitos los cosechó componiendo para otros, principalmente otras, con canciones que traspasaban los límites de lo políticamente correcto.
Firma hits musicales como ‘Poupée de ciré, poupe de son’, que, interpretada por una jovencísima France Gall, gana Eurovisión en 1965 y suena hasta en Japón. Amante de los dobles sentidos, su primer escándalo tuvo como protagonista a la propia Gall. En 1966, Gainsbourg compuso para ella ‘Les sucettes’, una inocente historia sobre una niña a la que le gusta chupar piruletas y que escondía, en realidad, una oda a la felación. Gall debía de ser la única persona en Francia que no comprendía el verdadero significado, lo cual alimentó aún más la polémica. Gainsbourg aprendió rápido que el escándalo sería su trampolín a la fama y desde entonces lo cultivará. En 1963 se gana el aplauso de la crítica con ‘Gainsbourg Confidential’. Sin embargo, apenas vende 1.500 discos. Volverá a echar mano de la polémica para seguir en el punto de mira.
Las más bellas
‘Je t’aime… moi non plus’, ese orgasmo femenino hecho canción, le hizo ganarse la enemistad de países como España o Suecia, que prohibieron su radiodifusión, mientras en Francia se quedaron con la versión más recatada. Paradójicamente, se convirtió en número uno en las listas inglesas. Su aire de canalla elegante le propició romances con las mujeres más bellas del momento. Brigitte Bardot, Catherine Deneuve y Vanessa Paradis visitaron sus sábanas, pero fue con la actriz y cantante inglesa Jane Birkin con quien mantuvo su relación más sólida.
A partir de los 80, el lado gamberro va ganando terreno, y Gainsbourg crea a Gainsberre, alter ego barbudo, desaliñado y crápula irremediable. Abandonado ya por Birkin, se pasea por los platós televisivos borracho y con ganas de bronca: quema un billete de 500 francos como protesta por la subida de impuestos; grita a Withney Houston «¡I want to fuck you!». Gainsbarre ensombrece a Gainsbourg, víctima ya de su propia creación.
Su salud se resiente de los excesos. Comparte los últimos años con la modelo Bambou, para la que vuelve a componer y con quien tendrá otro hijo. El 2 de marzo de 1991, los bomberos le encuentran tumbado en la cama de su casa, en el 5 bis de la Rue Verneuil, víctima de un paro cardíaco. Su tumba en Montparnasse es hoy un lugar de culto donde miles de fieles honran a su ídolo con flores, poemas y cigarrillos Gitanes.
JE T’AIME…LAS MUSAS DE GAINSBOURG:
1. BRIGGITE BARDOT, un tórrido romance:
Mantienen un intenso idilio de tres meses a finales de 1966. Bardot le pide que escriba «la canción de amor más bella del mundo». Nace ‘Je t’aime… moi non plus’. Pero Gunter Sachs, marido de B.B., paraliza su salida al mercado y precipita el fin del romance. Gainsbourg, abatido, guarda la composición y la hace pública en 1986.
2. JANE BIRKIN, un ardiente noviazgo:
Gainsbourg y Birkin se conocen en el rodaje de ‘Slogan’, en 1967. Al principio él no la soporta, pero acabará siendo su amor má

s constante. Vuelve a grabar con ella ‘J t’aime… moi non plus’, un diálogo a base de gemidos que reproduce un encuentro sexual y que terminará conviertiéndose en el himno erótico por excelencia. Birkin se instala junto a su hija Kate (fruto de su relación con el compositor John Barry) en la casa que Gainsbourg había comprado para B.B. en la Rue Verneil, decorada íntegramente de negro, a imitación del hogar de Dalí en Montmartre. Tienen una hija, pero Gainsbourg cada vez bebe y fuma más y ella no aguanta sus excesos. Se separan en 1980.

3. CHARLOTTE GAINSBOURG, un simulado incesto
Nace en 1971, fruto de la relación de Gainsbourg con Jane Birkin. En 1986 rueda a las órdenes de su padre ‘Charlotte for ever’, en la que se incluye la canción ‘Lemmon incest’, interpretada por padre e hija en parecidos términos al ‘Je t’aime’. Vuelve a desatarse la polémica. Heredera del carisma paterno, ella gana la Palma de Oro en Cannes en 2009 por ‘Anticristo’, de Lars Von Trier. Acaba de editar ‘IRM’, disco producido por Beck, y es imagen de la última fragancia de Balenciaga.

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Lady Facebook

Publicado por (6/07/2010)
Lady Gaga sabía lo que se hacía cuando tituló su primer álbum como ‘The fame’ (La fama). Visionaria o calculadora, probablemente ambas cosas, lo cierto es que la nueva reina del pop ha protagonizado una carrera meteórica que le ha llevado en apenas dos años a batir todos los récords de popularidad: acaba de proclamarse la persona viva con la mayor legión de seguidores en Facebook (sólo superada por Michael Jackson) y por encima del mismísimo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.
No es su única plusmarca. El vídeo del single ‘Bad romance’, de su segundo disco ‘The fame monster’, supera hoy los 230 millones de reproducciones en YouTube y es ya el más visto de la historia. La prestigiosa revista ‘Time’ la considera una de las personas más influyentes del mundo, Armani se inspira en ella para su colección primavera-verano 2011 y ‘Vogue’ incluye su nombre en la lista de las 58 mujeres mejor vestidas del año.
Stefani Joane Angelina Germanotta se hace llamar Lady Gaga en honor a un tema de Queen, ‘Radio Ga Ga’. Y, guste o no, es la chica de moda. Ha hecho de la provocación su seña de identidad y su mejor arma para engordar su propio marketing. Lejos de responder a los cánones de belleza aceptados, ha sabido sacar provecho de su aspecto andrógino, alentando polémicas sobre su bisexualidad o su naturaleza hermafrodita. La controversia se ha visto avivada recientemente por la publicación de unas fotos de la edición japonesa de la revista ‘Vogue’, en las que se ve a un hombre que guarda un asombroso parecido con la diva del plexiglás. La propia revista alimenta la polémica al anunciar que no revelará la verdadera identidad ‘del’ modelo hasta el 10 de septiembre.
Pero la veloz ascensión al Olimpo de la fama de la cantante neoyorquina no ha sentado bien a la otra reina del pop. Madonna parecía haber aceptado su sucesión en el trono cuando el pasado octubre protagonizó junto a Lady Gaga unsketch en el popular programa de humor ‘Saturday Night Live’: en clave de humor, las dos ‘reinas’ se enzarzaban en una pelea que acababa con ambas rodando por el suelo y tirándose de los pelos. Pero el buen rollito entre ellas parece haber llegado a su fin. Madonna no perdona la enorme similitud que el tema ‘Alejandro’ guarda con su ‘Like a prayer’ y ha sacado el hacha de guerra.
Otro que parece no asimilar el éxito de la extravagante estrella es su ex novio y primer productor discográfico, Rob Fusari, que reclama a la cantante 30 millones de dólares por considerarse artífice de gran parte del éxito de su carrera. Según la demanda presentada por el abogado de Fusari «él la descubrió. Fueron sus canciones y sus contactos gracias a los que Lady Gaga consiguió su primer contrato con una discográfica».
Fusari se atribuye también el nombre artístico de Stefani Joane, asegurando que él siempre la recibía en el estudio con la canción de Queen, y que fue también él quien la bautizó con el alias que hoy recorre el mundo por Internet.
ITZIAR ARTETXE

América al desnudo

Publicado por

(4/09/2010)

'America Swings', de Naomia Harris; editado por Taschen

FICHA

TÍTULO: ‘America Swings’

AUTORA: Namoi Harris

EDITORIAL: Taschen

PVP: 29,99 €

La fotógrafa Naomi Harris, presente en GetxoPhoto, retrata las reuniones de intercambio de parejas en EE UU

“Swinging”. Intercambio de parejas con el objetivo de practicar sexo. Existen diversos niveles: personas que sólo quieren que las miren, otras que sólo quieren observar, algunas a las que les basta con tocar y muchas que buscan sexo en grupo. La canadiense Naomi Harris (Toronto, 1973) ha dedicado 4 años de su vida a fotografiar 38 encuentros sexuales celebrados a lo largo y ancho de Estados Unidos. El resultado: un sinfín de imágenes entre lo grotesco y lo bizarro que retratan los hábitos sexuales del americano medio y que ahora recoge la editorial Taschen bajo el título “America Swings”.
«El “swinger” es una persona de entre 35 y 55 años, blanca, de clase media-alta, con estudios y sexualmente liberal, aunque a menudo son muy cristianos y republicanos», aclara Harris, que estos días ofrece una muestra de su trabajo en GetxoPhoto. Se reconoce incapaz de explicar «la contradicción entre esa libertad sexual y votar a Bush». «Soy canadiense», se justifica, «y hay muchos aspectos de la cultura americana que me resultan ridículos».
Las imágenes de Harris no son eróticas. Ni mucho menos. Tampoco pornográficas. Parecen más bien una caricatura depravada sobre personas con extrañas inclinaciones sexuales. Pero ni siquiera es eso, porque, de hecho, entre la acción de los protagonistas y la imagen tomada no existe intervención alguna. «Hago fotografía documental», explica Harris. «La pornografía busca intencionadamente excitar sexualmente al que la mira. Mis fotos no pretenden eso, incluso cuando muestran a gente teniendo sexo. Yo recojo el acto que unas personas están haciendo en un preciso momento, igual que si estuvieran acudiendo a un partido de béisbol».
Parejas desnudas posando ante el objetivo mientras cocinan, se besan, tocan, lamen; orgías gastronómicas alrededor de una mesa en el día de Acción de Gracias que dan paso a bacanales sexuales; sexo oral, “voyeurs” de todo tipo -incluida una mujer que observa un cunnilingus mientras, impasible, se cepilla los dientes- objetos sexuales de diversa índole… Y mucha banderita americana. El orgullo patrio acompaña la mayoría de los momentos registrados por la cámara de Harris, testigo fiel de una realidad que causa estupor y curiosidad a partes iguales.
«A la gente le incomoda que retrate a personas desnudas», se queja Harris. Ya, ¿pero qué hay del sexo como reclamo? ¿No es cierto , acaso, que vende? «Sí, el sexo vende, pero cuando muestras a gente atractiva. Yo retrato al americano medio. El 30% de la población estadounidense es obesa, y la gente no quieren ver imágenes que les recuerdan a ellos mismos. La sociedad premia la juventud, el lujo, a la gente rica… Nunca verás una modelo de talla grande en la portada de Playboy».
Miles de personas acuden a las “swinging parties”, «desde madres a las que podrías encontrar en la cola del supermercado a maestras de escuela». La canadiense asiste a esas fiestas -que a menudo tienen lugar en cámpings, potenciando aún más el lado chabacano que destilan las imágenes- después de que se le conceda el permiso que previamente ha solicitado. «No me escondo para hacer las fotografías. Trabajo con una cámara grande que tiene también un flash enorme. Siempre hago las fotos con flash, nunca disparo a traición ni fuerzo a nadie a hacer algo que no quiere», confiesa Harris, que acomoda sin problemas su vestuario para la ocasión, aunque eso signifique tener que trabajar desnuda. «Todos adaptamos nuestro estilismo según la ocasión».
La práctica del swinging se da sobre todo en los barrios periféricos, no tanto en las ciudades. «La vida allí es más aburrida y la gente busca nuevos estímulos», apunta Harris. Esas fiestas tienen, también, mucho de interacción social. «Van a hablar, a relacionarse. Muchos son muy buenos amigos. Se crea una especie de comunidad en la que se cuidan, se protegen».
Que nadie espere modelos esculturales ni cuerpos diez en la obra de Harris. Es, simplemente, sexo anodino entre gente anodina. Hasta el 3 de octubre en Amezti 6, Algorta (Bizkaia).

(Publicado en Aux Magazine, Nº 43)

JAVIER AGUIRRESAROBE

Luces, sombras y eclipses

Javier Aguirresarobe

Es el director de fotografía más reputado del cine español y hace tiempo que lo reclaman desde el otro lado del charco directores como Woody Allen o Chris Weitz. El 30 de junio se estrena su último trabajo, ‘Eclipse’, la tercera de la saga ‘Crepúsculo’.

¿En qué consiste la labor del director de fotografía?

Damos forma, volumen y movimiento a una escena mediante la luz, la cámara, las lentes, el color, las texturas. Imagínate una secuencia que dice en el guión: Interior. Anochecer lluvioso. Salón de la casa. Creamos un ambiente penumbroso, con poca luz que llega desde unas ventanas empañadas por la lluvia. La atmósfera es fría, azulada. El protagonista recorre el espacio hasta situarse de cara a una de las ventanas. La cámara se va acercando por detrás. Creamos la atmósfera, el posible suspense, y la registramos con una cámara.

¿Siente que su trabajo pasa desapercibido para el público y que es el director de la película quien se lleva el aplauso en solitario?

Al terminar el rodaje de ‘Los fantasmas de Goya’, Milos Forman nos contó que si la película es un éxito, todos participamos de él. Pero si la película es un fracaso, él se queda solo, sin nadie que le ampare. Estoy de acuerdo con esa forma de percibir el éxito y el fracaso.

El primer día de rodaje de ‘La carretera’, de John Hillcoat, apareció usted con una camiseta en la que se podía leer: “el sol es nuestro enemigo”.

Fotograma de 'La carretera'. con Viggo Mortensen

‘La carretera’ transcurre en un ambiente donde el sol no existe. La atmósfera es gris, la Tierra se está muriendo. Quería mentalizar a todo el equipo de que un día de rodaje con sol era un día perdido. El eslogan funcionó. Cuando la previsión era de día soleado nos metíamos a rodar en un interior. Todo lo contrario de lo que ocurre en el rodaje de películas convencionales.

También huye usted de los colores vivos.

Me gusta una saturación de color atenuada. El cine no tiene nada que ver con la televisión, es un lenguaje diferente. No sólo en el tema del color, sino en el de la profundidad de campo. Siempre lucho para que los fondos de mis películas estén bastante desenfocados. Intento hacer una imagen diferente a la de la pequeña pantalla.

Alguna vez se ha referido al “color de televisión turca” como algo a evitar en fotografía. ¿A qué se refiere?

No sé cómo es el color de la televisión turca, pero esa expresión me remite a texturas brillantes, saturadas cromáticamente y a imágenes planas. También empleo la expresión “por favor que esto no se parezca a un telediario”. Pienso que el lenguaje del cine debe interpretar la realidad con un sentido más creativo.

Ha realizado trabajos de fotografía en muchos lugares del mundo, ¿con cuál se queda?

Las mejores oportunidades de luz las he tenido en el norte de Estados Unidos y en Vancouver. Pero depende de la película que vayas a hacer. Todos me hablan de la maravillosa luz que hay en Nuevo México, y es una luz sureña.

En Vancouver se ha encargado de la fotografía de las dos últimas entregas de la saga ‘Crepúsculo’. ¿Cómo se enfrentó a la creación de la atmósfera de ‘Luna Nueva’, con ese universo tan particular?

Mi comunicación con el director, Chris Weitz, fue mi sencilla. Sólo me pidió diferenciar el look de la primera parte de ‘Crepúsculo’, que a él no le gustaba mucho. No porque la fotografía de esa película estuviera mal, sino porque recorría caminos extremos: luz muy dura y colores muy fríos. Una opción que no gustaba para ‘Luna nueva’. El universo que creamos fue más natural, más cálido, más de acuerdo con una historia que nunca dejaba de ser romántica.

¿Y en ‘Eclipse’, aún sin estrenar, cuál fue la línea a seguir?

En ‘Eclipse’ me encuentro con otro director, David Slade, que también quiere diferenciar el look de su película. Es lógico. Es un director que le da mucha importancia a la estética, a la composición, al color. Todo ello ha supuesto un giro en la fotografía respecto a las anteriores producciones. ‘Eclipse’ tiene una imagen más sofisticada, más estética.

En ambas películas ha trabajado con dos de los actores más deseados por el público juvenil: Kristen Stewart y Robert Pattinson. ¿Cómo fue trabajar con ellos?

Son gente muy sencilla, muy buenos chicos. Son tremendamente colaboradores en todo momento. Les ha llegado la fama y, con ella, otra forma de vida. Pero en rodaje son como uno más, con sus temores y responsabilidades ante la cámara.

En su trabajo con los actores, ¿ha descubierto si existe eso que llaman fotogenia?

Es un tema que roza el misterio. Puedes encontrar gente de aspecto aparentemente vulgar y que a través de la cámara resulta luminosa y especial. Igualmente hay bellezas que se empobrecen tras la cámara. No hay nada escrito sobre el tema. Hay gente que tiene ángel, carisma, o como lo queramos definir. Y son los que triunfan.

En ‘Los otros’ coincidió con Nicole Kidman, ¿cómo fue la experiencia?

Me sorprendió por su absoluta confianza en mi trabajo desde el primer momento. Estaba preciosa. Recuerdo que solía llegar al set con pésimo humor. Llegué a la conclusión de que era parte de su sistema de trabajo, de acuerdo con el personaje que interpretaba. Al final del día estaba siempre simpatiquísima.

Dice que el rodaje de ‘Vicky Cristina Barcelona’, con Woody Allen como director y Scarlett Johansson, Penélope Cruz y Javier Bardem como protagonistas, le resultó complicado, ¿por qué?

Penélope Cruz en 'Vicky Cristina Barcelona'

No fue ni por Woody Allen ni por los actores. W. Allen es un realizador muy respetuoso en el rodaje, educadísimo en todo, concentrado en su trabajo. Lo único que pide es que todo vaya muy rápido. Esta película terminó haciéndose en 26 días. Y los actores fueron estupendos, grandes colaboradores. El tema fue Barcelona y el aspecto mediático que acompañó este rodaje. Estábamos siempre en el punto de mira de los medios de comunicación, que lo criticaban todo. Eso mediatizó nuestro trabajo. No sabíamos cómo movernos entre tanto curioso. Ahora, después de todo, estoy agradecidísimo a esta película. Me ha abierto muchas puertas en Estados Unidos.

¿Qué proyectos tiene ahora?

Ruedo una película con Chris Weitz. Se titula ‘The gardener’ que se realizará entera en la ciudad de Los Angeles. Por eso estoy aquí, intentando acomodarme a los nuevos hábitos de esta enorme ciudad.

Las relaciones de pareja se fundamentan en el amor romántico, un modelo que ensalza el sufrimiento y, según algunos expertos, propicia la violencia de género

Culpo a Disney de mis altas expectativas en cuanto a hombres es el nombre de uno de los grupos más populares de la red social Facebook. Tiene más de 345.000 seguidores (19/5/2010). Esa declaración aparentemente intrascendente esconde una cuestión de hondo calado: la influencia de los productos culturales en la consolidación del modelo de amor romántico y la irremediable frustración a la que conduce.

“El amor se nos vende como un estado permanente e ideal con el que alcanzar la felicidad. Expectativas desmesuradas y ansias de perfección nos mantienen buscando el ideal sin conseguirlo”. Coral Herrera Gómez es doctora en Humanidades y está a punto de publicar el libro La construcción sociocultural del amor romántico. Es autora, además, de la web especialistaenamor.com.

Se aprende a amar de acuerdo al ideal del amor romántico construido en el siglo XIX. Este invento se ha implantado ynaturalizado en el mundo occidental gracias, entre otras cosas, a la literatura y al cine. Cuentos populares y películas made in Hollywood transmiten un modelo de amor basado en la idea de que cuantos más obstáculos y problemas atraviesa una relación, más auténtica es la historia de amor.

Pero el amor romántico no afecta del mismo modo a mujeres y a hombres. “El romanticismo es un producto de la cultura patriarcal”, explica Herrera Gómez. “El hombre joven tiene un rol de animal salvaje. Vive aventuras, huye del compromiso, disfruta de las mujeres. Una vez casado, se le asigna el rol de protector. La mujer ejerce un rol pasivo, esperando a que llegue el príncipe azul que le otorga identidad y colma su vacío existencial”. (Leer entrevista completa).

Sin embargo, no todo son beneficios para el hombre. “En ese papel activo está la trampa”, matiza Josetxu Riviere, encargado de cuestiones de Género, Igualdad y Masculinidades en la consultoría Aizak y autor del artículo Los hombres, el amor y la pareja. “La imagen de conquistador puede ser altamente frustrante para el hombre. Tiene que tomar la iniciativa, conquistar, enamorar, ser un campeón. Y eso crea frustración cuando no se responde al modelo ideal”.

En 2009, casi el 50% de las víctimas mortales por violencia de género tenían menos de 35 años, según un informe del Consejo General del Poder Judicial. El Área de Igualdad, Cooperación y Ciudadanía del Ayuntamiento de Bilbao, a través de su Guía para mujeres, advierte que “la ilusión desmedida en el amor facilita la pérdida de visión ante situaciones con aparentes muestras de amor pero con verdaderas situaciones de abuso y desigualdad”. El consistorio bilbaíno ha puesto en marcha una web dirigida a jóvenes (geubiok.com) para debatir sobre las relaciones de noviazgo y prevenir la violencia de género. Colabora Irati Fernández Pujana, autora de la tesis El mito del amor romántico como factor de riesgo de la violencia de género en la pareja.