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Archive for the ‘Literatura’ Category

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(16/10/2010)

Dos publicaciones se acercan, desde diferentes postulados, al mundo del rock

Qué hacen los rockeros minutos antes de salir al escenario? ¿Qué piensan instantes después de haber actuado ante miles de personas? ¿Qué ocurre en el ‘backstage’ de las estrellas? ¿Cómo reaccionan ante las críticas de la prensa especializada? ¿Y ante la opinión, no siempre benévola, del público? ¿Qué sienten en las largas temporadas que pasan alejados de los escenarios? Y lo que es más importante, ¿en algún momento dudan, tienen miedo, y padecen inseguridades, como el resto de los mortales? Robert Hilburn, crítico de ‘Los Ángeles Times’ capaz de provocar cambios en el repertorio previsto por Bob Dylan para uno de sus conciertos, tiene la respuestas a esas preguntas, y a tantas otras.

En ‘Desayuno con John Lennon (y otras crónicas para la historia del rock)’, editado por Turner, Hilburn recorre los hitos del género desde su propia experiencia como periodista musical, narrando en primera persona el trajín que rodeaba a cada una de las entrevistas realizadas a las figuras más representativas de aquella música que, durante un tiempo, hizo soñar a sus fieles seguidores con poder cambiar el rumbo de la propia Historia. Con mayúsculas. Pero lo que diferencia la obra de Hilburn de otras aproximaciones a la historia del rock es la verdadera amistad que el crítico acabó labrando con todos aquellos que empezaron resistiéndose a ser entrevistados y acabaron recurriendo a él para pedir consejo, compartir unas cervezas mientras departían sobre música, o simplemente, desahogarse. Lo cierto es que Hilburn conseguía que los artistas, por lo general recelosos con la prensa, acabaran abriéndose a él.

Bob Dylan llevaba años sin conceder entrevistas cuando, en 1978, anunció que estaba dispuesto a responder a las preguntas de algunos periodistas, dentro de una campaña de promoción que el artista necesitaba en aquel tiempo. Llegaron más de 150 solicitudes procedentes de todo el mundo. Paul Wasserman, publicista encargado del marketing de aquella gira, decidió conceder diez. «Mientras (Waserman) le explicaba por qué era fundamental que las hiciera, Bob miró la lista, cogió un bolígrafo y tachó todos los nombres menos tres. El mío fue uno de los que se salvó», escribe Hilburn. Durante ese encuentro, y en los que se irían sucediendo en los años siguientes entre el crítico y el padre del rock, el periodista descubre que a ese monstruo de la música aparentemente inquebrantable le importaba, y mucho, lo que los demás dijeran de él.

Los artículos de Hilburn sirvieron en ocasiones para lanzar la carrera de algunos artistas que apenas empezaban a despuntar , como Elton John; en otras, para potenciar los logros de los ya consagrados, fortaleciendo así la apuesta personal de unos creadores que rompían, con cada disco, las reglas establecidas (Bruce Springsteen, U2, Nirvana…) y también, aunque en menor medida, a poner en su sitio a algunas figuras que, a pesar de un talento innegable, habían conducido su carrera por el mal camino: Michael Jackson o el Elvis Presley de los últimos años.

Con ellos, y muchos otros, se reunió en los diversos momentos de sus carreras y mantuvo conversaciones que trascendían el ámbito profesional, lo que le permitió penetrar en terrenos personales nunca antes explorados por nadie. Hilburn descubre así la vulnerabilidad de unos artistas que se antojan sin fallos ni fisuras pero que, muy al contrario de lo que habitualmente se mantiene, sufren la presión de su propia imagen y su supuesta perfección.

El estatus de ídolo

«Las estrellas de rock de finales de los sesenta se consideraban dioses de la cultura pop», cuenta Hilburn. «Entonces yo no tenía ni idea de lo difícil que les resultaba adaptarse a ese estatus de ídolos, y en especial a alguien como Janis (Joplin), cuya creatividad se alimentaba de una falta de autoestima profundamente enraizada. Como aprenderíamos años más tarde con el suicidio de Kurt Cobain, ninguna generación está a salvo de las presiones y tentaciones de la fama».

La propuesta de Hilburn no pretende ser un exhaustivo análisis de todos y cada uno de los acontecimientos que marcaron la marcha de un estilo de música que, asimismo, condicionó el modo de vida de varias generaciones, especialmente entre los años 50 y 80. Por eso, y a diferencia de otras revisiones históricas sobre el rock, ‘Desayuno con John Lennon’ está muy lejos de esos fríos listados de fechas, nombres, títulos y lugares a los que con demasiado frecuencia se recurre en los mil y un intentos de abordar la crónica del rock. Se trata de una visión personal y cercana de las subidas y bajadas de las grandes personalidades del rock.

Cuentos de rockero

‘Simpatía por el relato’ propone otro viaje a la trastienda del rocanrol, aunque de un modo diferente a lo visto hasta el momento y con sabor autóctono. Se trata de una antología de relatos escritos por 32 vocalistas y compositores de bandas de rock españolas. En la propuesta, que viene de la mano de la editorial Drakul y llegará a las librerías en noviembre, participan Julián Hernández (Siniestro total), Enrique Villarreal ‘El Drogas’ (Barricada), Rubén Pozo y ‘Leiva’ (Pereza), Kutxi Romero (Marea), Kike Suárez ‘Babas’ (‘Kike Suárez & La desbandada’) y Agnes (Lilith), entre otros.

Los artífices de la idea, los también escritores Patxi Irurzun y Esteban Gutiérrez, quisieron compilar relatos que versaran sobre el rock escritos por los propios protagonistas del mundillo. El resultado final, sin embargo, es un libro con narraciones que sobrepasan las fronteras del lema ‘sexo, drogas y rock&roll’. «A los músicos hay que dejarles a su aire. ¿Que te salen con un cuento de fantasmas o uno infantil? Pues, tira, al final el libro resulta caótico, desigual, lleno de trallazos, medios tiempos, baladas… ¿Hay algo más rockero que eso?», se pregunta Irurzun.

El relato de Agnes, cantante y compositora de Lilith, lleva por título ‘Estrellita y la canción de soledad’. Se trata de un cuento aparentemente para niños, acompañado incluso por las ilustraciones habituales en ese tipo de ediciones y que ha realizado la propia artista para la ocasión, pero que esconde en realidad una metáfora sobre la pérdida de la inocencia en «un mundo de hienas». «He intentado trasladar el sentimiento que tenía hacia el rock cuando empecé, que era muy inocente y puro, como son los niños y que hoy en día he perdido totalmente», explica Agnes.

Tirando de ingredientes autobiográficos, Kutxi Romero -frontman de Marea- ha escrito ‘Barrizal’, relato que narra unas horas en la vida de un personaje que se pasea por su barrio, en el extrarradio de la ciudad, trasunto en realidad de su Berriozar (Pamplona) de origen. «Es el lugar donde vivo y he crecido. El culo del culo de la ciudad», explica con honestidad. «Es un fragmento de una novela que escribí hace años y que nunca publiqué, porque me siento un intruso en la literatura».

«Joder, esto lo va a leer todo el mundo, esmérate». Ese pensamiento rondaba la cabeza de Rubén Pozo, del grupo Pereza, antes de comenzar a escribir su relato para la antología. «Cuando desterré ese pensamiento con un ‘a la mierda’, por fin pude empezar». Como resultado de la liberación tras el exabrupto, surgió ‘Una mañana’, «un relato sobre un chaval que hace ‘pellas’ por primera vez”» A este músico y letrista que ha compuesto algunas de las canciones más veneradas del pop español más reciente le preocupaban, especialmente, los diálogos: «Sólo quería que quedaran reales».

‘Todos los palos’ es, por otro lado, la propuesta realizada por Kike Suárez ‘Babas’ (Kike Suárez & La Desbandada) para la antología. Se trata de un ambicioso retrato del mundo del rock a través de 13 micro-relatos: el público, el autor, la prensa, el segurata, el fan, la fama, el taquillero, el circo (I y II), los grupos, los camerinos, el managament y los sponsors. «En el mundo de la música he ejercido, aparte de cantante, de crítico musical, de manager, de jefe de producción, de pegador de carteles, de taquillero, de video-realizador y, por encima de todo, de fan. He tocado muchos palos, de ahí el título», explica ‘Babas’.

¿Qué aporta al panorma literario un libro de relatos escrito por rockeros? Para Agnes, el simple hecho de lavarle la cara al rock ya sería un objetivo cumplido: «En este país nos tienen por delincuentes o, en el mejor de los casos, por drogadictos e ignorantes de la vida que no sabemos ni hablar. Este libro demuestra que no es verdad, que somos muchas más cosas». Para el integrante de Pereza, por su parte, resulta «interesante ver cómo se desenvuelve gente especializada en escribir cosas arropadas por música en el más absoluto silencio». Kike Súarez ‘Babas’ cree que la experiencia se queda en una anécdota simpática: «Lo mismo que si un montón de escritores grabasen un disco, sería una anécdota curiosa en el panorama musical, pero no creo que pasase de ahí».

Puede que la aportación de la treintena de músicos colaboradores en la antología ‘Simpatía por el relato’ no vaya a revolucionar el mundo de las letras, pero lo que sí hará es aportar su granito de arena a que el planeta sea un poco mejor. Los autores han cedido sus derechos de autor a diversas organizaciones benéficas.

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TÍTULO: El consuelo

AUTORA: Anna Gavalda

TÍTULO ORIGINAL: La Consolante (Traducción de Isabel Gonzalez Gallarza)

EDITORIAL: Seix-Barral

PÁGINAS: 558

PRECIO: 21,00€

Sonría, por favor

Charles Balanda es arquitecto. Tiene 46 años y una vida aburrida. Vive junto a una mujer que ya no lo quiere y la hija de esta, una adolescente a quien no consigue conocer. Su vida transcurre entre aeropuertos, viajes y hoteles de países extranjeros en los que no encuentra con quien cruzar unas palabras, sino consigo mismo. Pero un día recibe una carta en la que se le informa de la muerte de una mujer a quien amó en su juventud. Charles comienza entonces a revolver en su memoria, poniendo patas arriba su hasta entonces cómoda, y gris, estabilidad. Lo que Charles desconoce es que en esa búsqueda de reconciliación con su pasado lo que encontrará es, en realidad, respuestas para su futuro.

Una novela escrita con sencillez y un afinadísimo sentido del humor que nos dibujará  una sonrisa permanente a medida que penetramos en una historia de amor protagonizada por personajes que bien podrían ser nuestros vecinos, amigos o uno mismo. Una necesaria lectura en estos tiempos de pesimismos enquistados que permite, con acertada ironía, reírnos de nosotros mismos y nos descubre que la felicidad puede estar a la vuelta de la esquina.

Su hermana mayor lo mira mal. Él le dedica un brindis. Ella insiste con su miraditas. Él le declara sonriendo, articulando muy bien cada sílaba:

– Françoise… por una vez, por una puta vez en tu vida… déjame en paz…

Françoise busca con la mirada al idiota de su marido, a su caballero andante, para que la defienda, pero éste no entiende su mímica de dama ultrajada. Françoise se descompone. Por suerte, tachán… ¡Aquí está la otra!

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Bilbao-New York-Bilbao; Elkar argitaletxea

Bilbao-New-York-Bilbao es  un viaje en avión desde la capital vizcaína hasta la ciudad de Nueva York, con escala en Frankfurt.  Ese viaje sirve, en realidad, como soporte para que  Kirmen Uribe retrate la historia de tres generaciones distanciadas en el tiempo pero unidas por un elemento común: su estrecha vinculación al mar.

Anoche, el Teatro Campos fue testigo de las reflexiones en torno a la novela que el propio Kirmen Uribe realizó en una distendida charla mantenida sobre el escenario con el presentador Félix Linares. Se registró un pleno en el patio de butacas, donde la gente escuchaba con especial atención las palabras de la nueva revelación de las letras vascas. No es difícil quedar embelesado por el tono suave de la voz de Kirmen, su ritmo pausado y el contenido profundo y sentido de sus palabras.

El escritor de Ondarroa habló de la autoficción, ese género a mitad de camino entre la autobiografía y la ficción, que está en la base de su primera incursión en la novela. Personajes reales se mezclan con personajes inventados. La necesidad de verosimilitud justifica la presencia de los primeros. ¿Y la ficción? “Es, simplemente, necesaria para novelar”, dice Kirmen. Felix Linares, como hombre de cine que es, recuerda entonces una pregunta realizada a Meryl Streep: “¿Por qué es necesaria la ficción?” le preguntan. “Para contar historias reales”, contesta la actriz.

El alcalde Iñaki Azkuna irrumpe en el escenario para leer su crítica sobre el libro de Kirmen. “Va a ser larga”, afirma. Extensa sí, pero el tiempo pasa rápido mientras resume la esencia del libro de Kirmen con apreciaciones personales que arrancan varias sonrisas entre el público.

La fragmentación de la novela será otra de las reflexiones sobre la que gira la conversación entre Kirmen y Linares, tras la intervención del alcalde. El escritor explica su necesidad de encontrar la forma de narrar una historia de personajes vinculados al mar de un modo diferente al que lo hicieron otros novelistas vascos, como Gabriel Aresti. Y esa búsqueda de un nuevo lenguaje, de una nueva estructura, de un nuevo modo de novelar, se convierte así mismo en eje vertebrador de la novela,  metanovela. “La gente debe saber que los escritores dudamos constantemente”, afirma Kirmen.

Kirmen Uribe

El autor lee varios fragmentos del libro. Se evidencian en su narrativa los orígenes poéticos del ondarrés: la atención al detalle,  la pincelada rápida, el ritmo ágil. Kirmen tiene esa capacidad de extraer de las cosas pequeñas grandes reflexiones sobre el comportamiento de las personas. Arrainek eta zuhaitzek elkarren antza dute. Antza dute uztaiengatik (…) Uztaiak arrainetan legez, gertaera latzak geratu egiten dira gure memorian. Tiene habilidad para la síntesis, para la condensación.

Gari sale al escenario. Canta Zaharra zara Bilbo mientras se proyectan imágenes del Casco Viejo bilbaíno. Kirmen lee otro fragmento y Gari vuelve a salir al escenario: Esperantzara kondenatua. Otro fragmento, el último, y esta vez el propio Kirmen se queda en el escenario, junto a Gari, y se anima a los teclados. Un acto redondo.

Bilbo-New York-Bilbao; Seix Barral (en castellano)

Kirmen Uribe ha recibido el último premio Nacional de Narrativa 2009 por su novela Bilbao-New York-Bilbao. El libro, escrito en euskera, ha sido publicado en castellano por Seix Barral.

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Título: La soledad de los números primos.

Título original: La solitudine dei numeri primi (italiano).

Autor: Paolo Giordano.

Traducción al español: Juan Manuel Salmerón Arjona.

Editorial: Salamadra.

Precio: 16 €.

…La metáfora planteada tiene una indiscutible fuerza para plasmar la errática vida de esas dos partículas que se mueven en círculos concéntricos, muy próximos, pero que están destinadas a no chocar (…)Pero el desarrollo de la trama, el retrato de los caracteres, la puesta en marcha del armazón que reconstruye la vida de esos personajes, deslavan el resultado final de una novela que promete, pero que no satisface del todo…

X+Y= SOLEDAD

La conducta humana analizada bajo el prisma de los números y las teorías científicas que tanto se nos resisten a la mayoría de los mortales. La soledad explicada en términos matemáticos. Resulta novedosa esta visión que el italiano Paolo Giordano plantea en su primera novela, ‘La soledad de los número primos’, para hablarnos de la dificultad de comunicación entre dos seres que se intuyen, se aman y se reconocen como semejantes pero que son incapaces de permanecer juntos, que se necesitan y sin embargo se alejan el uno del otro aunque eso signifique seguir sintiéndose solos y desprotegidos en un mundo empeñado en no entenderlos ni integrarlos.

La metáfora de los números primos (“el verdadero destino de los números primos es quedarse solos”), le sirve a Giordano para desarrollar una historia de amor platónico y, por tanto, imposible, de dos personajes solitarios, Alice y Mattia, que quedaron marcados por sendos acontecimientos traumáticos ocurridos en la infancia (“las cosas importantes suceden en la infancia”, dice Giordano), y que los hará navegar a la deriva el resto de sus vidas.

Alice y Mattia son dos números primos que “querrían ser como los demás, números normales y corrientes, y que por alguna razón no podían”. Obsesionada ella con ser aceptada por los demás desarrollará un trastorno alimenticio que no la abandonará nunca y que le impedirá, paradójicamente, desarrollar una vida normal y ser admitida por la sociedad. Perseguido por un sentimiento de culpa desde aquel episodio de su pasado, Mattia se autolesiona constantemente y construye en torno a sí mismo una barrera infranqueable por cualquiera, incluidos sus padres.

Desde el día en que se encuentran, Alice y Mattia presienten que sus destinos deberán ir inevitablemente unidos, pero son incapaces de atravesar las tapias que los envuelven, convirtiéndose así en números primos gemelos, “parejas de primos sucesivos, o mejor, casi sucesivos, ya que entre ellos siempre hay un número que les impide ir realmente unidos, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y el 43 (…) Mattia pensaba que él y Alice eran eso, dos primos gemelos solos y perdidos, próximos pero nunca juntos”.

Resulta difícil resistirse a un título tan sugerente como el de ‘La soledad de los números primos’. De hecho, la metáfora planteada tiene una indiscutible fuerza para plasmar la errática vida de esas dos partículas que se mueven en círculos concéntricos, muy próximos, pero que están destinadas a no chocar. La condición de físico del autor le ha permitido establecer muy acertadamente esa relación entre las partículas elementales, que él mismo sigue estudiando como doctorando en la universidad de Turín, y el comportamiento humano. Pero el desarrollo de la trama, el retrato de los caracteres, la puesta en marcha del armazón que reconstruye la vida de esos personajes, deslavan el resultado final de una novela que promete, pero que no satisface del todo.

Los personajes planteados por Giordano resultan extremadamente ajenos, extraños, poco creíbles en sus excentricidades, y acaban pareciendo más un estereotipo de seres solitarios y marginados que personas de carne y hueso en las que poder mirarse como en un espejo. Los personajes secundarios, los padres de ambos, los compañeros del colegio y más tarde los de sus respectivos trabajos, resultan planos y apenas aportan acciones que expliquen de forma verosímil los acontecimientos, y su papel parece relegado a subrayar, por contraste, la naturaleza extraña y marginal de los dos protagonistas.

El lenguaje sencillo, claro y directo, hace que el libro sea fácil de seguir, pero Giordano quizá peca de utilizar demasiado la elipsis, eliminando detalles, explicaciones necesarias para ahondar en el sentimiento de la soledad, verdadero leitmotiv de la obra. Y por eso, al leer la última página, la última línea del libro, nos queda la sensación de haber leído un prolegómeno, la presentación de una novela que desarrollará el tema de la soledad humana. La expectación de la potente metáfora de los números primos con que nos topamos desde el propio título se desvanece, y casi se olvida, por el desarrollo superficial de una trama que no llega más que a rozarnos levemente, y que difícilmente calará hondo en nuestras emociones. Sirvan como disculpa, tal vez, los 26 años que Paolo Giordano tenía cuando escribió la novela (nacido en 1982, ahora tiene 27), lo que le hace, sin duda, ser una futura promesa de las letras italianas al que habrá que seguirle la pista de cerca.

Fragmentos leídos del libro y entrevista a Paolo Giordano en ‘Página 2’, programa de TVE2:

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FICHA

El coronel no tiene quien le escriba; Gabriel García Márquez.        

Compactos Anagrama; Barcelona; 1993.

110 páginas. 5,90€

 

El coronel no tiene quien le escriba; Gabriel García Márquez

SUPERVIVIENTES

Por ITZIAR ARTETXE

En una entrevista concedida al escritor cubano Manuel Pereira en 1976, Gabriel García Márquez afirmaba que El coronel no tiene quien le escriba (1961) era su mejor novela. Si bien resulta difícil compartir con el colombiano dicha afirmación al cien por cien, pues pocas novelas en la literatura universal de todos los tiempos cautivan de modo tan hipnótico como Cien años de soledad (1967), cabe aceptar que El coronel no tiene quien le escriba constituye un material novelístico de hondo calado que trasciende mucho más allá de su aparente sencillez.

            La novela relata la historia de un coronel retirado que espera desde hace años la pensión que le corresponde por haber servido a la patria. Cada viernes acude a la oficina de correos para recibir la carta que le confirme el cobro de dicha pensión, pero ésta nunca llega. Mientras tanto, el coronel y su esposa, aquejada de asma, se ven obligados a vender las pocas pertenencias que les quedan para poder tener algo que comer. Su situación se agrava al tener que mantener además a un gallo de pelea, única herencia del hijo acribillado a balazos nueve meses antes. Ante la situación de extrema necesidad en la que se encuentran, la esposa, más realista, insta al coronel a vender el gallo. Pero el coronel, idealista aferrado a un marcado sentido de la dignidad, no acepta doblegarse ante los corruptos que podrían ayudarle y se niega a deshacerse del único recuerdo del hijo muerto.

            Sin apenas acciones que hagan avanzar la trama, el hilo argumental se va configurando entorno a la idea de la espera infructuosa del coronel. La sensación de desasosiego que se respira a lo largo de toda la novela se ve acentuada por la mención constante de referencias temporales concretas que enfatizan la noción del paso del tiempo y la idea de que nada ocurre salvo, precisamente, esa carrera inexorable de las horas y los días que no trae nada más que la degeneración del coronel y de su esposa.

            El coronel no tiene quien le escriba se inscribe dentro de la denominada novela de la violencia que se desarrolló en Colombia en las décadas 50 y 60 como consecuencia del período de masacres y terrorismo que vivió el país durante aquellos años. Pero García Márquez se distancia de las novelas suscritas a esa corriente al plantearse que “lo que hay que recrear en la novela no es la lista de los muertos sino el drama de los vivos”. De este modo, a través del relato del coronel, asistimos a la expresión de las consecuencias de la violencia, de sus huellas, a la manifestación del dolor de los supervivientes de la tragedia. Apenas una mención a la causa de la muerte del hijo de la pareja, “acribillado”, es la única referencia directa a un acto puramente violento. Lo demás es el deambular de unos personajes marcados por las guerras, su intento por resistir en un entorno hostil, de sobreponerse a la perdida de un hijo, de aguantar dignamente el hambre aunque haya que poner “a hervir piedras para que los vecinos no sepan que tenemos muchos días de no poner la olla”. Un viaje de esperanza y una vuelta con las manos vacías que nos desgarra las tripas en las idas y venidas de los viernes del coronel.

            Mediante esa técnica de la violencia sugerida, García Márquez construye una atmósfera densa y asfixiante que envuelve a los personajes de principio a fin, remarcando la miseria en la que se ven obligados a vivir. La humedad del mes de octubre, los trastornos respiratorios de la esposa, la llovizna que no cesa, el coronel agonizando “en el excusado, sudando hielo, sintiendo que se pudría y se caía a pedazos la flora de sus vísceras”; imágenes que van construyendo el clima de desazón que va en aumento a medida que transcurren los días y el coronel no tiene quien le escriba.

            El optimismo del coronel contrasta en todo momento con el estado real de las cosas y con la visión de su propia esposa. No se rinde en su esperanza de recibir algún día la carta, y tiene plena confianza en que el gallo pueda aportarles grandes beneficios en cuanto esté listo para pelear en enero, aunque en ocasiones sea consciente de la precaria situación en la que se ven obligados a vivir (“…–dijo el coronel, por primera vez dándose cuenta de su soledad–. Todos mis compañeros se murieron esperando el correo”). Sin embargo su esposa, más apegada a la realidad, le obliga a buscar soluciones inmediatas, como vender el viejo reloj o el gallo mismo. Y el coronel, aunque cede en un principio ante las peticiones de su esposa, se negará posteriormente a hacer ninguna de las dos cosas, conduciendo a un final que contiene sin duda el verdadero clímax de la novela.

Es precisamente esa terquedad idealista del coronel la que lo convierte en un personaje sumamente entrañable. Y en esa construcción de la afectividad con que García Márquez enmarca al personaje principal de la novela contribuye sin duda el gran dominio e ingenio lingüístico del Nobel de literatura (1982). El relato está lleno de impactantes y cautivadoras imágenes que ayudan a transmitir los sentimientos más profundos del coronel (“el coronel experimentó la sensación de que nacían hongos y lirios venenosos en sus tripas”). La creación de esas imágenes junto a una adjetivación sorprendente (“respiración pedregosa”, “pellejo lúcido y tenso”) dan cuenta de un lirismo que se aproxima ya al estilo que el escritor colombiano desarrollará en sus siguientes novelas. No encontramos aún el realismo mágico plenamente desplegado en Cien años de soledad, pero se presume un acercamiento al intento de observar la realidad desde un nuevo prisma de inocencia, como si la realidad se presentara por primera vez ante los ojos de quien la mira. Ahí está la visión del coronel ante el paraguas echo trizas que se presenta ante él como un sistema de varillas metálicas que “ahora sólo sirve para contar las estrellas”.

Sin embargo, el lenguaje de la novela es sencillo, escueto. Las frases son cortas y apenas hay diálogos. Eso sí, las intervenciones de los personajes vuelven a dar cuenta de la agudeza de García Márquez, y las réplicas del coronel no tienen desperdicio. “Me estoy cuidando para venderme. Ya estoy encargado por una fábrica de clarinetes” le responde a su esposa cuando ella le dice que está “en el hueso pelado”. Y son los pequeños detalles los que hacen inolvidables a los personajes de esta novela. El asma de la mujer que le obliga a preguntar afirmando es quizá uno de los aspectos que más ternura despierta en el lector.

Mediante la  soledad del coronel, su estéril espera, las vanas ilusiones y esa angustiosa dilación de la carta que no llega, Gabriel García Márquez ofrece un retrato de las consecuencias que provoca cualquier manifestación de violencia. La acción se centra en un pueblo indeterminado de la Región Caribe de Colombia, pero bien podría servir para exponer no sólo la realidad de todo el país, sino de muchos de los países latinoamericanos, afectados de parecidos males desde los comienzos de la colonización, o incluso de cualquier territorio sometido a cualquier régimen de violencia. Se trata por tanto de la universalización de un sentir común ante uno de los males que siempre ha perseguido al ser humano, la guerra y los terroríficos actos que conllevan toda lucha de poder, poniendo el acento, en este caso, en las duras condiciones de los que sobreviven al conflicto.

La verdadera fuerza de la novela se revela una vez acabada su lectura, pues la sencillez de la narración y ese tono de ingenuidad que desprende el lenguaje utilizado por García Márquez impide de alguna forma valorar en su totalidad la cruda situación de los personajes a los que vamos acompañando en su errático peregrinaje. Sin embargo, la huella que deja la novela una vez acabada es más intensa a medida que van pasando las horas, hasta que descubrimos que la historia ha abierto una profunda herida en nuestra conciencia y que el coronel se ha instalado para siempre, y por derecho propio, en nuestro imaginario. 

califragilistico


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