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Archive for the ‘Mujer’ Category

Las relaciones de pareja se fundamentan en el amor romántico, un modelo que ensalza el sufrimiento y, según algunos expertos, propicia la violencia de género

Culpo a Disney de mis altas expectativas en cuanto a hombres es el nombre de uno de los grupos más populares de la red social Facebook. Tiene más de 345.000 seguidores (19/5/2010). Esa declaración aparentemente intrascendente esconde una cuestión de hondo calado: la influencia de los productos culturales en la consolidación del modelo de amor romántico y la irremediable frustración a la que conduce.

“El amor se nos vende como un estado permanente e ideal con el que alcanzar la felicidad. Expectativas desmesuradas y ansias de perfección nos mantienen buscando el ideal sin conseguirlo”. Coral Herrera Gómez es doctora en Humanidades y está a punto de publicar el libro La construcción sociocultural del amor romántico. Es autora, además, de la web especialistaenamor.com.

Se aprende a amar de acuerdo al ideal del amor romántico construido en el siglo XIX. Este invento se ha implantado ynaturalizado en el mundo occidental gracias, entre otras cosas, a la literatura y al cine. Cuentos populares y películas made in Hollywood transmiten un modelo de amor basado en la idea de que cuantos más obstáculos y problemas atraviesa una relación, más auténtica es la historia de amor.

Pero el amor romántico no afecta del mismo modo a mujeres y a hombres. “El romanticismo es un producto de la cultura patriarcal”, explica Herrera Gómez. “El hombre joven tiene un rol de animal salvaje. Vive aventuras, huye del compromiso, disfruta de las mujeres. Una vez casado, se le asigna el rol de protector. La mujer ejerce un rol pasivo, esperando a que llegue el príncipe azul que le otorga identidad y colma su vacío existencial”. (Leer entrevista completa).

Sin embargo, no todo son beneficios para el hombre. “En ese papel activo está la trampa”, matiza Josetxu Riviere, encargado de cuestiones de Género, Igualdad y Masculinidades en la consultoría Aizak y autor del artículo Los hombres, el amor y la pareja. “La imagen de conquistador puede ser altamente frustrante para el hombre. Tiene que tomar la iniciativa, conquistar, enamorar, ser un campeón. Y eso crea frustración cuando no se responde al modelo ideal”.

En 2009, casi el 50% de las víctimas mortales por violencia de género tenían menos de 35 años, según un informe del Consejo General del Poder Judicial. El Área de Igualdad, Cooperación y Ciudadanía del Ayuntamiento de Bilbao, a través de su Guía para mujeres, advierte que “la ilusión desmedida en el amor facilita la pérdida de visión ante situaciones con aparentes muestras de amor pero con verdaderas situaciones de abuso y desigualdad”. El consistorio bilbaíno ha puesto en marcha una web dirigida a jóvenes (geubiok.com) para debatir sobre las relaciones de noviazgo y prevenir la violencia de género. Colabora Irati Fernández Pujana, autora de la tesis El mito del amor romántico como factor de riesgo de la violencia de género en la pareja.

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Doctora en Humanidades y especialista en Teoría de Género

CORAL HERRERA GÓMEZ

“En los cuentos los hombres representan lo positivo, el progreso, la superación de obstáculos; las mujeres son recompensas a esos triunfos, piezas de caza”.

Corla Herrera Gómez

La literatura y el cine han contribuido a imponer en Occidente el ideal del amor romántico, un modelo que reserva papeles distintos a hombres y mujeres. Coral Herrera Gómez lleva años estudiando la configuración de ese modelo y está a punto de publicar el libro ‘La construcción sociocultural del amor romántico’. Autora también de la página especialistaenamor.com, explica qué esperan del amor hombres y mujeres.

¿El amor es una utopía?

La posmodernidad es una etapa marcada por la insatisfacción permanente. El hambre de emociones intensas nos condena a la frustración. El amor se nos vende como un estado permanente e ideal a través del cual llegar a la felicidad total. Es un refugio en el que mucha gente busca la “salvación” individual. Al ser un ideal, la realidad no hace sino frustrarnos. Cuantas más expectativas nos hacemos en torno a nuestra pareja ideal, más sufrimos y más nos desencantamos. Idealismo y realismo son polos opuestos.

¿De dónde nace ese ideal?

El romanticismo es un producto de la cultura patriarcal. Es un fenómeno que comenzó en el XIX con la venta masiva de novelas románticas  y que consolidó el cine de Hollywood, y ahora también la industria de Bollywood. Se ha expandido por todo el planeta, como una epidemia cultural.

¿Qué rol asigna el amor romántico a los hombres?

A los hombres jóvenes se les concede el rol de animal salvaje. Su función es vivir aventuras y tratar de huir del compromiso pero disfrutando de las mujeres. Una vez casado, al hombre se le asigna un rol protector con su familia, es la cabeza pensante.

¿Y a las mujeres?

Se nos asigna un papel doble. Por un lado están las cazadoras de hombres, representadas como voraces e insaciables porque sienten deseo propio y buscan formar una pareja con un hombre que las satisfaga y las mantenga. Por otro lado están las que ejercen un rol pasivo, encerradas en casa esperando a que llegue el príncipe azul que le otorgará una identidad y colmará su vacío existencial.

¿Siguen ellas soñando con el príncipe azul?

Las mujeres a menudo asumen que son menores de edad que precisan de cuidados constantes. Antiguamente las mujeres solo podíamos ascender en la escala socioeconómica a través del matrimonio: las mujeres no podían abrir una cuenta bancaria sin sus padres o maridos. Por eso siempre deseaban que un hombre les otorgase el papel de adultas y les permitiese tener presencia social en los actos públicos de su esposo. Ese deseo mitifica la figura masculina a ojos de las mujeres, que buscan en ellos protección, placer y cariño, seguridad, estabilidad y sobre todo, felicidad. Aunque después su vida conyugal sea un infierno.

¿Y ellos, quieren ser príncipes azules?

El amor es cada vez más importante para los hombres, pero han sido educados para no renunciar nunca a su libertad. Muchos de ellos huyen del amor porque tienen miedo a ser dominados por la mujer. Si pensamos en la figura tragicómica del calzonazos nos damos cuenta del terror masculino al poder femenino. Es lo que probablemente impida a los hombres tener relaciones igualitarias. Las mujeres hemos sido representadas tradicionalmente como devoradoras insaciables.

¿Quién sufre más por amor?

Todos sufrimos con la misma intensidad. Las mujeres tenemos más herramientas para expresarlo y comunicarlo: dominamos el lenguaje de los sentimientos y podemos desahogarnos con amigas y amigos. El tradicional hermetismo de los hombres les lleva a padecer el sufrimiento en silencio, porque les cuesta más tener conversaciones íntimas en las que muestren su vulnerabilidad.

¿Están los hombres desorientados ante la mayor independencia de la mujer?

Hay autores que hablan de la crisis de la masculinidad. El macho ibérico está en decadencia y es ridiculizado en la televisión. Además, el proceso de independencia de las mujeres está siendo arrasador para algunos: han sido educados para entender que el papel de las mujeres es cuidarlos y asistirlos; les choca que su compañera gane un sueldo superior al suyo. Las técnicas de reproducción asistida también les quita su importancia, porque una mujer puede procrear sola gracias a la tecnología, sin necesidad de tener pareja.

¿Cuál es el aspecto del amor romántico que más perjudica a los hombres?

La cultura patriarcal ha enseñado a los hombres a ser fuertes, valientes, violentos, protectores. Tienen que defender a su familia, trabajar deslomándose para mantenerla y lograr el éxito en su vida profesional. Los hombres de verdad tienen que ser viriles, con un apetito sexual devorador, y se les reclama que cumplan en la cama siempre, como si fueran máquinas perfectas de erección y eyaculación. Hoy los hombres antipatriarcales quieren deshacerse de estos imperativos culturales y reclaman el derecho a ser sensibles, pacíficos, a relacionarse de otra forma con las mujeres, en un plano de igualdad, de respeto mutuo, de generosidad y comunicación.

¿Transmiten los cuentos tradicionales un esquema machista basado en el ideal del amor romántico?

La representación de las mujeres como seres inferiores, débiles, pasivos, miedosos, o malévolos (las madrastras de Blancanieves y de Cenicienta) que viven esperando ser las elegidas, ha hecho mucho daño a la autoestima de las mujeres. Las mujeres de los cuentos se conforman y esperan. Los hombres representan lo positivo, el progreso, la mejora, la superación de obstáculos, la valentía, la capacidad de luchar, la fuerza y la nobleza del espíritu, porque se embarcan en misiones heroicas para restablecer la justicia, y eso les da sentido a su vida y un lugar en el mundo. Las mujeres son recompensas a esos triunfos, como lo son las piezas de caza.

¿Habría, entonces, que prohibir su lectura en las escuelas?

Hay que empezar a crear contenidos en los que las mujeres sean protagonistas de su vida, donde se reflejen los valores positivos y las habilidades femeninas.  Se trataría de poner al revés esos cuentos, aprovecharlos para que el alumnado analice esos estereotipos sexistas, no sólo en los cuentos tradicionales, sino también en los anuncios publicitarios, los programas de televisión, los videojuegos, las películas.

¿Se pude superar el modelo del amor romántico?

Va evolucionando, pero cada vez es más consumista, más cerrado en sí mismo, más idealizado. En la posmodernidad el ego es narcisista y miedoso. El amor entre estos egos está preñado de otros intereses que nada tienen que ver con el amor: acumular bienes, aparentar, pagar hipotecas a medias, vivir en sociedad. El modelo de amor ideal es aquel que no está basado en la necesidad ni el miedo a la soledad. Un amor exento de ansias de exclusividad, un amor libre en el que no existiese el concepto de propiedad privada.

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Paternidad igualitaria

Coordinador de Gizon Ekimena

IÑAKI KASARES

“Los hombres igualitarios están de moda, y eso me crea desconfianza”

La agenda de Iñaki Kasares se reparte entre el trabajo en el Euskaltegi Municipal de Santurtzi, la coordinación de Gizon Ekimena y su labor como padre. A partes iguales. Reivindica la paternidad igualitaria y predica con el ejemplo. Impulsor del grupo de hombres por la igualdad de Santurtzi, Gizon Ekimena, reconoce que aún hay un largo camino por recorrer para equilibrar los roles de madres y padres.

-¿Qué es la paternidad igualitaria?

Una paternidad que implica los mismos deberes, responsabilidades y disfrutes que una maternidad.

-¿Cómo es un hombre que practica esa paternidad?

No conozco a nadie que haya llegado a ese ideal. Hasta ahora hemos tenido un papel de proveedores, de protectores y de castigadores. Tenemos que recuperar nuestra habilidad para cuidar gente y disfrutar haciéndolo.

-¿Debe el hombre renunciar a privilegios?

Claro. La paternidad no es solo cuidar a los hijos, hay un montón de tareas del hogar que no hacemos. Por otra parte, se renuncia a ciertos privilegios, pero se recuperan otros, como la cercanía con una persona. Recuperar el contacto de verdad supone una mejora en las relaciones.

-¿Es posible reprogramar la mentalidad de alguien que ha sido socializado en valores machistas?

Sí. Los hombres no somos opresores, violentos, duros y rígidos por naturaleza. Tenemos que regresar a un lugar. No tenemos que coger nada de fuera. Hay que quitarse cosas.

-¿Qué opinas sobre expresiones como “estamos embarazados”?

Hay cierta corrección política. Los hombres igualitarios están de moda, y eso me crea desconfianza. Yo no me voy a quedar embarazado. Participo en ese proceso en la medida en la que puedo. Ahora, lo veo bien si implica una voluntad de involucrarse en un proceso.

-¿Por qué se ha llamado a este proceso paternidad igualitaria y no maternidad igualitaria?

Porque somos los padres los que tenemos que ser iguales a las madres.

-¿Qué hacéis en Gizon Ekimena para fomentar la paternidad igualitaria?

Hemos hecho un videofórum con el documental ‘Aitak’, de Aitzol Aramaio. Comentamos lo visto, hablando cada uno desde su experiencia como padre. Escuchando a los padres salen cosas muy bonitas, y se caen muchos clichés.

-¿Existen reservas en los hombres para hablar de sentimientos?

Sí. Entre todos los papeles que nos ha dado esta sociedad el que más daño nos ha hecho es no poder sentir. Una persona que no puede sentir es una persona que está castrada.

-¿Cómo animarías a un hombre a que se decida a ser un padre igualitario?

Saber que hay una persona que es parte de ti y cuidarla es maravilloso. Además mejora las relaciones personales, y eso redunda en un beneficio propio.

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La cerveza no es para las mujeres. Eso es al menos lo que parecen pensar los publicistas encargados de idear las campañas de las distintas marcas cerveceras del mundo. Basta con echar un fugaz vistazo a los anuncios que actualmente se emiten en nuestra televisión para comprobar que los protagonistas son siempre hombres. Ellos son los consumidores, los que deciden cuál es la buena cerveza, los que se benefician de la supuesta felicidad que aporta el consumo de esta bebida que suele ir ligado a los valores de libertad, independencia, originalidad, creatividad y sociabilidad. El papel de la mujer se ve reducido al de mero objeto de deseo, al de mujer castradora que impide al hombre desarrollarse plenamente, o al de simple compañera en la felicidad que aporta el consumo de esta bebida, pero siempre en un plano secundario.

Empecemos con uno de los spots más recientes de Heineken. Si bien es cierto que conjuga con humor algunos de los tópicos de la cultura consumista, el mensaje es claro: la cerveza es de los hombres, ellas ya tienen sus trapitos para divertirse.

El siguiente anuncio de Cruzcampo no deja ningún lugar a dudas. La cerveza sirve para desestresarse, preferiblemente después del trabajo. Eso sí, si uno es hombre y tiene unos amigotes para celebrarlo. Ellas parecen no tener lugar en ese momento de distensión después de la jornada laboral. Seguramente se irán derechitas a casa, ya se sabe, su hábitat natural.

En este otro Mahou hace hincapié en la espontaneidad que aporta el consumo de su producto, haciendo que el hombre (masculino) pueda ponerse en contacto con sus comportamientos más irracionales sin avergonzarse, porque también es el único ser capaz de superar cualquier barrera del conocimiento. Se deja bien clarito desde el principio: “El hombre (pronunciado con solemnidad). Una sofisticada estructura intelectual”. Bla, bla, bla. Claro que se podría argumentar que el sustantivo “hombre” hace referencia a la especie humana en general, pero ¿por qué en todas las imágenes que acompañan a esa voz en off solo aparecen seres humanos masculinos?

Sigamos con Amstel. La marca holandesa nos deleita con un par de joyitas que, además de perpetuar la idea de que la cerveza es cosa de hombres, ofrece la peor imagen que se puede dar del género masculino.

Bajo el lema ‘Sabemos lo que nos gusta’, este anuncio no sólo deja claro que los consumidores son ellos, que son también quienes saben elegir lo bueno, sino que plantea toda una lucha de sexos porque, al parecer, ellas no saben entender las pequeñas cosas que les hacen felices a ellos, toda una serie de tópicos que dibujan a un hombre más simple que el vocabulario de la Esteban. Claro que toda la fortaleza femenina de esa lucha se derrumba en cuanto ellos pronuncian las palabras mágicas. Qué tierno.

Tampoco mejora la cosa en este otro anuncio de la misma marca. Tirando de otro tópico, la obsesión de los hombres con el tamaño de… las cosas (dejémoslo así), Amstel brinda a esos hombres un nuevo tamaño de lata para prolongar el momento de felicidad que aporta el consumo de la cerveza. Porque ellos saben lo que le gusta. ¿Y ellas? No saben/no contestan.

Este otro anuncio de Voll-damm pretende ofrecer una nueva imagen de hombre moderno, transgresor e inconformista, cuando en realidad no hace más que perpetuar la imagen de hombre dominante. Se jacta de ser original, desobediente y, sobre todo, nada normal. Y se queja de una mujer que no le permitía ser él mismo (la mujer castradora) porque ella no es capaz de comprender la brillantez de su persona.

¿Es casualidad que distintas marcas coincidan en la imagen que va unida al consumo de cerveza? ¿Cómo contribuyen en la construcción de los roles asociados a hombres y mujeres? ¿Cuánto tienen de inocente e inofensivas estas campañas?

Dejo aquí un  enlace por si sirve a alguien para dar respuesta a alguna de las preguntas anteriores.

Y para endulzar un poco el sabor amargo, este último enlace en el que mujeres y hombres (y viceversa) disfrutan de la cerveza:

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