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Archive for the ‘Música’ Category

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(16/10/2010)

Dos publicaciones se acercan, desde diferentes postulados, al mundo del rock

Qué hacen los rockeros minutos antes de salir al escenario? ¿Qué piensan instantes después de haber actuado ante miles de personas? ¿Qué ocurre en el ‘backstage’ de las estrellas? ¿Cómo reaccionan ante las críticas de la prensa especializada? ¿Y ante la opinión, no siempre benévola, del público? ¿Qué sienten en las largas temporadas que pasan alejados de los escenarios? Y lo que es más importante, ¿en algún momento dudan, tienen miedo, y padecen inseguridades, como el resto de los mortales? Robert Hilburn, crítico de ‘Los Ángeles Times’ capaz de provocar cambios en el repertorio previsto por Bob Dylan para uno de sus conciertos, tiene la respuestas a esas preguntas, y a tantas otras.

En ‘Desayuno con John Lennon (y otras crónicas para la historia del rock)’, editado por Turner, Hilburn recorre los hitos del género desde su propia experiencia como periodista musical, narrando en primera persona el trajín que rodeaba a cada una de las entrevistas realizadas a las figuras más representativas de aquella música que, durante un tiempo, hizo soñar a sus fieles seguidores con poder cambiar el rumbo de la propia Historia. Con mayúsculas. Pero lo que diferencia la obra de Hilburn de otras aproximaciones a la historia del rock es la verdadera amistad que el crítico acabó labrando con todos aquellos que empezaron resistiéndose a ser entrevistados y acabaron recurriendo a él para pedir consejo, compartir unas cervezas mientras departían sobre música, o simplemente, desahogarse. Lo cierto es que Hilburn conseguía que los artistas, por lo general recelosos con la prensa, acabaran abriéndose a él.

Bob Dylan llevaba años sin conceder entrevistas cuando, en 1978, anunció que estaba dispuesto a responder a las preguntas de algunos periodistas, dentro de una campaña de promoción que el artista necesitaba en aquel tiempo. Llegaron más de 150 solicitudes procedentes de todo el mundo. Paul Wasserman, publicista encargado del marketing de aquella gira, decidió conceder diez. «Mientras (Waserman) le explicaba por qué era fundamental que las hiciera, Bob miró la lista, cogió un bolígrafo y tachó todos los nombres menos tres. El mío fue uno de los que se salvó», escribe Hilburn. Durante ese encuentro, y en los que se irían sucediendo en los años siguientes entre el crítico y el padre del rock, el periodista descubre que a ese monstruo de la música aparentemente inquebrantable le importaba, y mucho, lo que los demás dijeran de él.

Los artículos de Hilburn sirvieron en ocasiones para lanzar la carrera de algunos artistas que apenas empezaban a despuntar , como Elton John; en otras, para potenciar los logros de los ya consagrados, fortaleciendo así la apuesta personal de unos creadores que rompían, con cada disco, las reglas establecidas (Bruce Springsteen, U2, Nirvana…) y también, aunque en menor medida, a poner en su sitio a algunas figuras que, a pesar de un talento innegable, habían conducido su carrera por el mal camino: Michael Jackson o el Elvis Presley de los últimos años.

Con ellos, y muchos otros, se reunió en los diversos momentos de sus carreras y mantuvo conversaciones que trascendían el ámbito profesional, lo que le permitió penetrar en terrenos personales nunca antes explorados por nadie. Hilburn descubre así la vulnerabilidad de unos artistas que se antojan sin fallos ni fisuras pero que, muy al contrario de lo que habitualmente se mantiene, sufren la presión de su propia imagen y su supuesta perfección.

El estatus de ídolo

«Las estrellas de rock de finales de los sesenta se consideraban dioses de la cultura pop», cuenta Hilburn. «Entonces yo no tenía ni idea de lo difícil que les resultaba adaptarse a ese estatus de ídolos, y en especial a alguien como Janis (Joplin), cuya creatividad se alimentaba de una falta de autoestima profundamente enraizada. Como aprenderíamos años más tarde con el suicidio de Kurt Cobain, ninguna generación está a salvo de las presiones y tentaciones de la fama».

La propuesta de Hilburn no pretende ser un exhaustivo análisis de todos y cada uno de los acontecimientos que marcaron la marcha de un estilo de música que, asimismo, condicionó el modo de vida de varias generaciones, especialmente entre los años 50 y 80. Por eso, y a diferencia de otras revisiones históricas sobre el rock, ‘Desayuno con John Lennon’ está muy lejos de esos fríos listados de fechas, nombres, títulos y lugares a los que con demasiado frecuencia se recurre en los mil y un intentos de abordar la crónica del rock. Se trata de una visión personal y cercana de las subidas y bajadas de las grandes personalidades del rock.

Cuentos de rockero

‘Simpatía por el relato’ propone otro viaje a la trastienda del rocanrol, aunque de un modo diferente a lo visto hasta el momento y con sabor autóctono. Se trata de una antología de relatos escritos por 32 vocalistas y compositores de bandas de rock españolas. En la propuesta, que viene de la mano de la editorial Drakul y llegará a las librerías en noviembre, participan Julián Hernández (Siniestro total), Enrique Villarreal ‘El Drogas’ (Barricada), Rubén Pozo y ‘Leiva’ (Pereza), Kutxi Romero (Marea), Kike Suárez ‘Babas’ (‘Kike Suárez & La desbandada’) y Agnes (Lilith), entre otros.

Los artífices de la idea, los también escritores Patxi Irurzun y Esteban Gutiérrez, quisieron compilar relatos que versaran sobre el rock escritos por los propios protagonistas del mundillo. El resultado final, sin embargo, es un libro con narraciones que sobrepasan las fronteras del lema ‘sexo, drogas y rock&roll’. «A los músicos hay que dejarles a su aire. ¿Que te salen con un cuento de fantasmas o uno infantil? Pues, tira, al final el libro resulta caótico, desigual, lleno de trallazos, medios tiempos, baladas… ¿Hay algo más rockero que eso?», se pregunta Irurzun.

El relato de Agnes, cantante y compositora de Lilith, lleva por título ‘Estrellita y la canción de soledad’. Se trata de un cuento aparentemente para niños, acompañado incluso por las ilustraciones habituales en ese tipo de ediciones y que ha realizado la propia artista para la ocasión, pero que esconde en realidad una metáfora sobre la pérdida de la inocencia en «un mundo de hienas». «He intentado trasladar el sentimiento que tenía hacia el rock cuando empecé, que era muy inocente y puro, como son los niños y que hoy en día he perdido totalmente», explica Agnes.

Tirando de ingredientes autobiográficos, Kutxi Romero -frontman de Marea- ha escrito ‘Barrizal’, relato que narra unas horas en la vida de un personaje que se pasea por su barrio, en el extrarradio de la ciudad, trasunto en realidad de su Berriozar (Pamplona) de origen. «Es el lugar donde vivo y he crecido. El culo del culo de la ciudad», explica con honestidad. «Es un fragmento de una novela que escribí hace años y que nunca publiqué, porque me siento un intruso en la literatura».

«Joder, esto lo va a leer todo el mundo, esmérate». Ese pensamiento rondaba la cabeza de Rubén Pozo, del grupo Pereza, antes de comenzar a escribir su relato para la antología. «Cuando desterré ese pensamiento con un ‘a la mierda’, por fin pude empezar». Como resultado de la liberación tras el exabrupto, surgió ‘Una mañana’, «un relato sobre un chaval que hace ‘pellas’ por primera vez”» A este músico y letrista que ha compuesto algunas de las canciones más veneradas del pop español más reciente le preocupaban, especialmente, los diálogos: «Sólo quería que quedaran reales».

‘Todos los palos’ es, por otro lado, la propuesta realizada por Kike Suárez ‘Babas’ (Kike Suárez & La Desbandada) para la antología. Se trata de un ambicioso retrato del mundo del rock a través de 13 micro-relatos: el público, el autor, la prensa, el segurata, el fan, la fama, el taquillero, el circo (I y II), los grupos, los camerinos, el managament y los sponsors. «En el mundo de la música he ejercido, aparte de cantante, de crítico musical, de manager, de jefe de producción, de pegador de carteles, de taquillero, de video-realizador y, por encima de todo, de fan. He tocado muchos palos, de ahí el título», explica ‘Babas’.

¿Qué aporta al panorma literario un libro de relatos escrito por rockeros? Para Agnes, el simple hecho de lavarle la cara al rock ya sería un objetivo cumplido: «En este país nos tienen por delincuentes o, en el mejor de los casos, por drogadictos e ignorantes de la vida que no sabemos ni hablar. Este libro demuestra que no es verdad, que somos muchas más cosas». Para el integrante de Pereza, por su parte, resulta «interesante ver cómo se desenvuelve gente especializada en escribir cosas arropadas por música en el más absoluto silencio». Kike Súarez ‘Babas’ cree que la experiencia se queda en una anécdota simpática: «Lo mismo que si un montón de escritores grabasen un disco, sería una anécdota curiosa en el panorama musical, pero no creo que pasase de ahí».

Puede que la aportación de la treintena de músicos colaboradores en la antología ‘Simpatía por el relato’ no vaya a revolucionar el mundo de las letras, pero lo que sí hará es aportar su granito de arena a que el planeta sea un poco mejor. Los autores han cedido sus derechos de autor a diversas organizaciones benéficas.

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PUBLICADO EN AUX MAGAZINE, Nº 42

(www.auxmagazine.com)

Entrevista a Alejandro Pelayo, respondida por teléfono

MARLANGO

La vida es juego

Marlango presenta nuevo disco: ‘Life in the treehouse’ (se puede escuchar aquí). El el grupo liderado por la actriz Leonor Watling se quita los abrigos y se sacude de un plumazo ese aire tristón y melancólico que caracterizaba sus trabajos anteriores. El jazz nocturno deja paso a un pop alegre y juguetón que anuncia el final del invierno. Poco queda ya de los sonidos oscuros y el humo de cabaret que destilaban sus discos anteriores. El cuarto trabajo de la banda irradia luminosidad, color y optimismo. Y hay una razón de peso para esta evolución. O dos: los nacimientos de Luca, el hijo que Leonor ha tenido con el también músico Jorge Drexler, y Oliver, el hijo de Alejandro Pelayo, pianista del grupo. El álbum, compuesto de canciones sencillas, irradia la luz del nuevo estado de ánimo de Marlango, que se sube a su casa del árbol para recordarnos que la vida puede ser cosa de niños. El 27 de mayo actúan en el Teatro Arriaga de Bilbao.

– Nuevo disco, ‘Life in the Treehouse’. La vida en la casa del árbol. ¿Qué significa para vosotros una casa en un árbol?

Por un lado, es el lugar físico en sí. Un lugar en el que te gustaría esconderte y escapar. Un lugar en el que puedes estar separado del suelo y refugiarte del ruido, de la prisa, de las ciudades y todas las cosas que te queman en el día a día. Pero también es la idea de alguien que no ha perdido la capacidad de jugar, que está en contacto con todas esas cosas que vamos perdiendo a medida que van pasando los años y que no deberíamos perder.

-¿Tenéis, por casualidad, alguna casa en un árbol?

El escenario es nuestra casa del árbol. Compartir tu música con la gente que te ha ido a ver es una sensación que no quieres que termine.

-Ese carácter lúdico que comentabas ha dado como resultado un disco mucho más pop, con un color que se aleja de la oscuridad de los discos anteriores.

Hemos introducido muchos ingredientes y elementos a la música que veníamos haciendo. Les hemos quitado a las canciones la bufanda y el abrigo. Ahora son canciones mucho más ligeras. Pasan un poco más de puntillas, pero son mucho más manejables a la hora de tocarlas y eso hace que estemos disfrutando mucho en los directos.

– ¿Dónde han quedado el humo, la noche, y los sonidos oscuros?

Estan ahí, en ‘You won’t have me’, en ‘Thank someone tonight’. Están en un montón de canciones. En el escenario, incluso cuando nos ponemos muy energéticos, es siempre una alegría de tipo B. Estamos en un término medio, ni muy dramáticos ni muy eufóricos.

– ¿Sigue siendo Tom Waits un gran referente?

Espiritualmente sí, musicalmente no tanto. Cogimos el nombre del grupo de una canción suya, pero en realidad se nos fue de madre. Se nos hizo demasiado grande. Lo veneramos en la misma medida que a Leonard Cohen, a Manolo García. (Pausa). En realidad me da pudor hablar de Tom Waits.

-El single, ‘The Long fall’, es una buena muestra de la luminosidad que caracteriza el nuevo disco. ¿Habéis dado un giro definitivo hacia el pop?

No lo tenemos claro. Estas canciones nos han llevado ahí, pero a lo largo de esta gira que acabamos de empezar están surgiendo nuevas canciones, y vete a saber cómo acabarán sonando.

– También hay algunos aires folk en temas como ‘Let the sky fall’ y ‘I don´t really want to know’. Habéis experimentado con algunos sonidos que no aparecían en discos anteriores.

Eso tiene que ver con el mismo ritmo de la canción. Desde muy al principio del proceso nos dimos cuenta de que cada canción era lo que parecía y que había que darle lo que estaba pidiendo a gritos. En este disco hay más guitarras desde el principio, desde el mismo momento de composición. Y al final el arreglo se va colocando solo. Después te das cuenta de que tienes que responder a este tipo de preguntas que no te habías planteado hasta que no has escuchado la canción terminada. No es que nos hayamos planteado: vamos a hacer un tema que tenga una dosis folk. Eso no nos sale. La experiencia nos dice que son las canciones las que te llevan a ti.

-¿Es imposible predecir su camino?

Nuestro oficio pasa por estar lo más atentos posibles para darles el espacio que quieren coger. Por mucho que tú quieras empujarlas hacia un lugar, al final las cosas son como tienen que ser y haces la música que te mereces, no la que te gustaría. Es como cuando te miras a un espejo. A todos nos gustaría vernos más altos y más guapos, pero el espejo te devuelve lo que eres.

En estos dos años que separan ‘Life in the treehouse’ de vuestro anterior trabajo, ‘Electrical morning’, Leonor ha sido madre de un niño, Luca, y tú has sido padre de otro, Oliver. ¿Han influido estos nacimientos en esa luz que irradia el disco?

Sí. Hace tres años nadie tenía niños y ahora mismo hay 9 bebés en Marlango, entre los del equipo artístico y el equipo técnico. Eso, quieras que no, marca mucho. La dosis de alegría es inevitable. Pero además, la cantidad de viajes que hemos hecho durante las tres giras anteriores, la cantidad de kilómetros y de experiencias maravillosas que hemos compartido juntos, hacen que en algún momento estés ya cansado de estar triste, melancólico, y lo que quieres es festejar y celebrar el tipo de vida y el trabajo que tenemos, y la suerte de que haya gente a la que le guste lo que hacemos.

-¿Os habéis quitado de encima la tristeza que podía percibirse en los discos anteriores?

Sí. Cuando estás solo asumes el paso del tiempo de una forma dolorosa, pero cuando tienes niños dejas de pensar en ti. Es algo muy descansado. Dejas de preocuparte por tonterías porque tienes algo mucho más importante de lo que ocuparte y ves que la realidad es maravillosa. Y el día a día es muy divertido.

-Esa alegría que dan los niños puede apreciarse en temas como ‘Let the sky fall’ y ‘Play boy play’, canciones que tienen incluso algo de nana. ¿Es algo consciente o es que la presencia de los niños se cuela sin querer en las composiciones?

Es una mezcla de las dos cosas. Pero el componente infantil siempre estuvo muy presente desde el principio. ‘It’s alright’, del primer disco, es una canción muy infantil que parte de un dibujo. También  ‘Pequeño vals’, de ‘Automatic Imperfection’. El componente infantil está y nos gusta que esté. El verbo en inglés para tocar es ‘play”, jugar. Tocar y jugar es lo mismo.

-En ‘The Answer’, tercer tema del disco, se puede oír la inconfundible voz de Rufus Wainwright. ¿Cómo conseguisteis que colaborara en vuestro disco?

Leonor ya lo conocía de antes. Se fue a Zaragoza a tomar un café con él. Le enseñó lo que teníamos en ese momento y le preguntó si le apetecía grabar algo para nosotros. Nos mandó unos elementos muy delicados para los coros y la melodía del piano. La canción con él es fantástica.

– ¿Habéis estado con él después de eso?

No. Hemos intercambiado e-mails, pero no nos hemos visto. Cuando venga por aquí a tocar en mayo intentaremos acercarnos a darle las gracias otra vez.

-¿Creéis que la gente os sigue viendo como el grupo de Leonor Watling?

Habrá muchos que sí, pero creo que la inmensa mayoría de los que nos han venido a ver alguna vez no lo pensarán. Pero por otro lado, sí, somos el grupo de Leonor Watling, no hay ninguna parte oscura en eso. Todos los grupos de la historia de la música suelen ser llevados, en su inmensa mayoría, por el cantante. Es el que lleva el timón de las canciones. En Marlango se da el añadido de que la cantante no sólo lleva el timón de las canciones, sino que lleva el peso de la imagen del grupo, es la portavoz, es la chica, es todo. Es lo mejor que tenemos. Si alguien lo dice con un componente despectivo es como si alguien me dice: oye, cántabro. Pues sí, efectivamente. Estoy muy contento de haber nacido en Cantabria, lo mismo que estoy absolutamente feliz de que Leonor sea Marlango y de que Marlango sea Leonor. No hay separación.

-Los conciertos que tenéis previstos para esta gira son principalmente en teatros. ¿Es un disco que se disfruta más sentado que de pie?

Ahora son teatros porque estamos en invierno, pero cuando empiece a hacer bueno empezaremos a tocar al aire libre, con la gente de pie. El teatro es mucho más apropiado desde el punto de vista técnico, del sonido, pero lo otro es muy divertido.

– ¿Tenéis previsto algún concierto en el extranjero?

Sí. Vamos a Argentina, a Uruguay, a Francia, y a Alemania.

– ¿Volveréis a ir a Japón?

Ojalá. Ojalá nos vuelvan a llamar.

Vídeo del single, The Long Fall:

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Entrevista a JOSÉ MERCÉ

HACIENDO ‘RUIDO’

Ser el cantaor que más discos ha vendido en la historia del flamenco, por encima incluso de Camarón, tiene su cara y su cruz. José Mercé conoce muy bien esa sensación agridulce de tener el aplauso del público y ser atacado por los puristas de un arte a los que Mercé no duda en poner la etiqueta de flamencólicos. Ahora saca nuevo disco, ‘Ruido’, que estará a la venta a mediados de enero. Antes tendremos la oprotunidad de verlo en directo, el 7 de enero, en el Teatro Arriaga de Bilbao.   

Pregunta: ¿A qué se debe que estés presentando el nuevo disco sin que haya salido aún al mercado?

Respuesta: Hemos tenido que posponer su

salida por enfermedad del guitarrista, Moraíto, pero espero que a mediados de enero ya esté en las tiendas.

P:¿Qué vamos a encontrar en él?

R: Va a predominar mucho la bulería, la alegría, los tangos. Y va a ser un disco con letras que van a gustar mucho.

P: ¿Incluyes alguna versión, como en los discos anteriores?

R: Sí, habrá sorpresa con la versión y con un colaboración importante, que seguramente estará en el concierto de Bilbao.

P: Desde el disco ‘Del amanecer’, de 1998, has recibido muchas críticas por parte de los más puristas. ¿Qué es lo que te echan en cara?

R: Realmente no sé si saben qué es lo que me echan en cara, porque está todo muy bien, pero en cuanto entra un instrumento que no es la guitarra flamenca, ya te dicen que no, pero sin ninguna justificación.

P: Sueles llamarlos “flamencólicos”, ¿a qué te refieres con ese término?

R: Suena mucho mejor que flamencólogo, que me parece una palabra muy pedante, con mucho ego, como si fueran los que lo saben todo y los demás no sabemos nada.

P: Sin embargo, pocos como tú cuentan con el apoyo del gran público.

R: Afortunadamente, el público es el que manda. En aquel momento se hizo un flamenco mucho más abierto que al que estábamos acostumbrados. Todo evoluciona, la música tiene que evolucionar y el flamenco también. Mi objetivo era que la gente joven entrara al flamenco, y estoy poniendo mi granito de arena para que eso sea así.

P: En tus anteriores visitas a Bilbao, ¿cómo te ha recibido el público?

R: Es una maravilla. La primera vez que estuve me sorprendí muchísimo cuando vi que estaba todo vendido y la gente pedía otra y otra.

P: ¿Así que no somos tan fríos como dicen?

R: Cuando va el flamenco a esa tierra no hay frío ninguno.

P: ¿Qué tal está respondiendo el público en los dos conciertos que ya has dado?

R: Muy bien, los temas nuevos están gustando mucho. Sobre todo hay un tema que se llama ‘Contigo’, que e a la gente le ha llegado muchísimo.

P¿Qué dice la letra?

R: (Recita) Contigo, contigo. Aprendiendo a estar contigo, en este invierno sencillo. Música en la habitación. Tú las coplillas mi amor, yo el estribillo. Y la casa en calma, el corazón contento. Diciembre está en la calle y la primavera dentro.

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Las chicas son rockeras

Entrevista a Sara Iñiguez

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Sara Iñiguez es Rubia

 

Por ITZIAR ARTETXE

¿Qué hace un rockero cuando se baja del escenario? ¿Hay algo más allá de la consigna de ‘sexo, drogas y rock and roll’ con la que asociamos a los grandes ídolos? Lo cierto es que, superando esos clichés, descubrimos que ellos también cuidan de sus familias, comen como el resto de los mortales y algunos hasta cocinan. Y no sólo eso, sino que son capaces de recomendarnos sus recetas. La revelación se la debemos a Sara Iñiguez y su libro Recetas del Rock ‘n’ roll, en el que se dan cita más de 40 personalidades del mundo del rock español que nos muestran su arte ante los fogones. El libro no es más que otro de los proyectos que la getxotarra ha puesto en marcha para seguir fiel a su deseo de vivir de la música, en todas sus facetas. Y aunque Sara también pinta, escribe y saca fotografías es, ante todo, la voz cantante y peso pesado de Rubia, el grupo que ella misma fundó allá por el año 2002 y con el que ha conseguido, entre otros éxitos, tener un disco en el mercado.

Sara es un oasis en medio del desierto. La palabra prisa no cabe en su diccionario vital, lo que le permite vivir al margen de las normas que rigen esta sociedad moderna en la que siempre parece que llegamos tarde para todo. “Siempre he creído que la vida te va llevando por el camino fácil y tú sólo te tienes que dejar llevar”, explica tranquilamente, sin darse cuenta del tesoro que encierra ese modo de ver la vida en los tiempos que corren. 

Nos hemos citado en el café a Go-gó, un bar que la propia Sara puso en marcha hace cuatro años en Getxo (Vizcaya), aunque desde que hace dos años se fue a vivir a Madrid ya no se encarga de él. Ella siempre está en movimiento. Al llegar al bar, Sara nos recibe con una amplia sonrisa y una cerveza en su mano derecha. Como buena rockera. A sus 36 años, sigue fiel a su estilo sixty de siempre: pantalón campana de talle alto, camisa roja, estampada con pequeñas flores, y esa sólida y salvaje melena negra de aire sesentero que irremediablemente trae a la memoria a Grace Slick, la vocalista del grupo californiano Jefferson Airplane. Y es que Sara no es rubia, aunque el nombre artístico que ha escogido para moverse por el mundo de la música conduzca al equívoco.

Rubia es el nombre de la banda de rock que Sara Iñiguez fundó en el año 2002. La pregunta de la elección del nombre es inevitable: “La verdad es que tampoco fue un nombre para mí. Vale, las canciones eran mías y tal, pero me pareció que Rubia era un nombre original, femenino, descarado, rockero… Pero en realidad no tiene una gran historia.”  

 Los miembros del grupo han ido cambiando a lo largo de estos siete años, se han ido sucediendo los guitarras, bajos y baterías, pero Sara sigue al frente de una formación en la que cree con firmeza y por la que lleva apostando todo este tiempo. Tiene en la calle un disco, “Nº 1 ya a la venta”, producido por uno de los grandes rockeros que ha visto este país, Alejo Stivel, voz de la inolvidable formación hispano-argentina Tequila, de vuelta ahora a los escenarios. El disco salió al mercado en 2004 y tuvo un discreto éxito, del que Sara está orgullosa: “Tuvo una buena acogida. Apenas sin promoción, tuvimos dos singles en los 40 principales, y no me puedo quejar. Hoy en día la gente se lo sigue comprando, y es el disco por el que he ido de gira a Chile”.

 Prueba de que el grupo sigue funcionando a pesar de que lleva cinco años sin sacar un nuevo disco son las más de 300 visitas diarias que recibe en su myspace (www.myspace.com/rubiasarainiguez), aunque ella asegura que no se promociona. “No soy de entrarles a los demás en myspace y atosigarles con mi música. El mundo de la música está muy corrompido y es muy agresivo. Pero hay que darse cuenta de que esto no es el mercado. Haz canciones y espera a que la gente venga. Estamos en un tiempo en el que tenemos una sobredosis de información apabullante, y eso genera agresividad”.

 Primeros pasos         

 Pero su experiencia no comienza con Rubia. Antes, mucho antes, Sara ya había sido tocada por la varita de la música. “Yo siempre digo que la música no es algo que tú eliges, te elige ella a ti. Me acuerdo que cuando tenía tres años mi tío me grabó con un casete para que yo cantara”.  Y parece que desde entonces ha tenido claro que si a algo quiere dedicar sus días y su esfuerzo es a ello.  

 Si bien su romance con la música se inició en sus primeros años de vida, lo cierto es que tuvo que pasar cierto tiempo para que Sara pisara por primera vez un escenario. Tenía 20 años y era la cantante del grupo vizcaíno The magic teapot. “Fue una experiencia alucinante, fue entrar en la música por la puerta grande. Lo que hacíamos es el estilo de música que más me gusta, psicodelia californiana, tipo Jefferson AirplaneGrateful Dead, que es la música que más me gusta todavía hoy”. The Magic Teapot ganó en 1996 el prestigioso concurso ‘Pop-rock Villa de Bilbao’, pero la formación se disolvió poco tiempo después, cuando Sara abandonó su Getxo natal para irse a vivir con Carlos Tarque, cantante de M-Clan, con quien mantuvo una relación durante cuatro años. “Hubo muchas cosas. Era un grupo en el que había muchísimas personalidades y cada uno se fue un poco por su lado. Además, yo me fui a vivir a Murcia y ya no podía seguir con el grupo”.

En Murcia vivió algún tiempo al margen del tema musical. “Estuve haciendo varias cosas, acabando mis estudios, sacándome el carné de conducir y como que se me olvidó”. Sin embargo, su espíritu inquieto no tardó en despertarse, y pronto sintió la necesidad de envolverse en música de nuevo: “Llegó un momento en el que sentí la llamada de la selva, al año de llegar a Murcia, y volví a coger la guitarra y me puse a componer canciones”. Quizá ese año de descanso fue el responsable de que Sara decidiera introducir una novedad en su hasta entonces forma de entender la música.

Abandonó el inglés, idioma en el que estaba acostumbrada a cantar, para lanzarse de lleno a la composición de temas en castellano. “Cuando cantas en inglés de alguna manera se pierde todo el asunto de la comunicación. Lo que hacían nuestros ídolos, Bob Dylan, Rod Stewart, los Rolling Stones, Elton John, era contar historias a la gente que podía entenderlas. Es absurdo que, estando en España, cuentes tus historias en inglés, porque nadie te va a entender. Y lo que yo quiero es salir a un escenario, cantar y bailar, pero también quiero comunicar, y la mejor forma de comunicarte es en tu propio idioma”.

Letras con mensaje            

Su esfuerzo por contar historias dio como fruto el puñado de canciones que recoge el LP “Nº 1 ya a la venta”. Historias sencillas, amenas, con letras que no caen en los tópicos de siempre y que resultan a menudo un espejo donde reconocerse. Historias de encuentros, desencuentros, ambiciones, recuerdos y homenajes a lugares tan insólitos en un disco de rock como puede ser Benidorm. “Yo vivía en Denia por aquella época y pasaba por Benidorm un par de veces por semana, y me preguntaba, ¿pero bueno, cómo es posible que toda esta gente quiera venir a descansar a un sitio como este? Me hacía gracia e hice la canción”.

El tema del desengaño amoroso parece, no obstante, predominar sobre todos los demás. “Yo no soy igual que tú, como un trozo de metal, oh no. Tú te escondes de la luz, tu caminas hacia atrás, yo no”. Así reza la canción que abre el disco, aunque Sara aclara que no se trata de un tema de desamor hacia una persona en concreto: “no la hice pensando en nadie que pudiera ser mi pareja, sino que es un mensaje que habla de la gente en general, de una persona que utiliza la violencia, que se esconde… Una persona con la que no estoy de acuerdo”. Y es que si Sara no tolera algo es la gente cobarde. “No soporto la cobardía, con todo lo que ello implica, que es falta de sinceridad, de iniciativa”.

Un poco más adelante, en Desayuno para dos, Sara canta: “Ando sola por la calle y siempre que miro a alguien me recuerda a ti. Y es porque la mitad de mí se fue contigo, eso dicen mis amigos.” Aquí parece que no caben dudas al respecto. “Desayuno para dos sí es una canción de amor, es un ‘no te puedo olvidar, me vuelvo loca’. Pero de una manera no derrotista. En mis letras, el tema puede ser triste, pero la forma de tratarlo es inocente, esperanzador. Es algo así como, bueno, estoy viviendo esto pero la vida sigue siendo bonita, te hecho de menos, pero estoy bien, te hago esta canción y te lo digo”.

La influencia de los grupos de los años 60 y 70 queda patente al escuchar el disco o al ver actuar a Rubia en directo, con Sara enfundada en algún minivestido de aire hippy,  o con shorts de corte muy americano,  generalmente descalza sobre el escenario. Los temas suenan a rock californiano, con base de guitarras simples y agradables melodías. Uno puede imaginarse que recorre las desiertas carreteras del Estado dorado en un cadillac descapotable cuando escucha canciones como seré una gran estrella, el genio de mi madre o pan de ayer. Y es que Sara lleva el rock genuino metido en la sangre. “Tengo un pequeño problema. Todo lo que me pone de verdad es música de los 60 y 70. Hay cosas de ahora que me flipan, me encanta por ejemplo Devendra Banhart, pero es gente que mira mucho al pasado. Me encanta la música antigua, no lo puedo evitar”.

Desde 2004 no ha vuelto a sacar un disco, aunque tiene en mente dedicarse los próximos dos años a grabar y a poner en la calle el que sería su segundo LP al frente de Rubia. Pero las prisas no le apremian, y es que Sara escapa de lleno al estereotipo del músico impaciente que quiere a toda costa tener su disco en el mercado lo antes posible. “No soy una peleadora de despachos, no soporto hablar con la gente de los despachos, soy mucho más hippy. Tardo más en sacar discos porque no soy una tía agresiva a la hora de sacar un disco. No me veo peleándome con nadie para sacar nada. Intento relajarme. En el momento que tenga que grabar el disco llegará la persona y lo grabaré”.

Recetas del rock       

Pero Sara no ha estado quieta en todo este tiempo. Además de grabar los coros para Fito y los Fitipaldis, Extremoduro o M-Clan, comparte un grupo de versiones que se llama One Hit Wonders, con Leiva, de Pereza y Xoel López, de Deluxe. También pincha semanalmente en un bar de Madrid y a veces se acerca hasta el programa de Radio 3 Como lo oyes, de Santiago Alcanda, para poner su música favorita junto a Carlos Tarque. Es, además, la responsable de que artistas consagrados como Eva Amaral, Coque Malla, Pablo Carbonell o Ariel Rot se hayan metido de lleno en los fogones para enseñarnos sus dotes culinarias. Sara es la autora del libro Recetas del Rock and Roll, un compendio de recetas que los rockeros de este país han cocinado para ella. “La idea surgió de un libro de los 80 que tenía en casa, que se llama Mary Frampton and Friends Rock and Roll Recipes, Recetas del Rock and Roll de Mary Frampton, que es la mujer de Peter Frampton. En el libro hay recetas de Steve Winwood, de Rod Stewart, Ringo Starr, de los Bee Gees, de George Harrison… Y me dije, es maravilloso, esto hay que hacerlo aquí”.

 

Portada del libro "Recetas del rock 'n' roll"

Portada del libro Recetas del rock 'n' roll

 

Dicho y hecho. El libro nos muestra la cara más desconocida de esos artistas cuya vida más allá de los escenarios nos cuesta imaginar. Y así, podemos acudir al insólito acontecimiento de que un rockero de la talla de Rosendo se calce por primera, y parece que última vez, un delantal. De supermán, eso sí. Pero más allá de los platos presentados por cada uno de los artistas, el libro es una buenísima excusa para acercarse a la intimidad de cada uno de ellos, y tras la lectura de los textos escritos por la propia Sara, no cabe duda de que el libro destila buen rollo a raudales. “Todo el mundo estaba encantado cuando les planteé la propuesta. La gente se volcó increíblemente”. La experiencia ha sido tan buena, que Sara ya está trabajando en la segunda parte del libro, para la que espera contar con artistas que no han podido participar esta vez: “Bunbury se quedó fuera, porque estaba de gira. Pero para el segundo libro espero contar con él”.

Está claro que Sara se mueve como pez en el agua por el mundillo del rock, aunque lamenta que para las mujeres sea un entorno más difícil que para los hombres. “En España todavía hay muchas barreras. Creo que nos ha pillado muy de golpe la modernidad, nos hemos perdido los 60 y los 70, y eso implica que ha faltado rock and roll y ha faltado libertad”. Analiza con detenimiento el panorama actual del rock en España y concluye: “Me gustaría que hubiera más tías guitarristas, o más tías baterías, y me gustaría que para hacer un grupo de rock and roll pudieras ser como Carole King y no sólo puedas ser como Patti Smith. No tengo por qué ser Patti Smith para ser rockanrollera, soy rockera y además soy sensible y además soy tranquila. ¿Por qué va a ser James Taylor el único que pueda ser suave?”.

        La charla con Sara actúa como un bálsamo contra el estrés. Su ritmo de vida, dictado por ella misma, se aleja del convencional modo de vivir del resto de los mortales, siempre agobiados por los compromisos que nos desbordan y a los que no siempre podemos atender. Todo un ejemplo de que, incluso en estos días en que inevitablemente nos vemos arrastrados por la vorágine de las prisas, es posible reinventar el tiempo.

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