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Doctora en Humanidades y especialista en Teoría de Género

CORAL HERRERA GÓMEZ

“En los cuentos los hombres representan lo positivo, el progreso, la superación de obstáculos; las mujeres son recompensas a esos triunfos, piezas de caza”.

Corla Herrera Gómez

La literatura y el cine han contribuido a imponer en Occidente el ideal del amor romántico, un modelo que reserva papeles distintos a hombres y mujeres. Coral Herrera Gómez lleva años estudiando la configuración de ese modelo y está a punto de publicar el libro ‘La construcción sociocultural del amor romántico’. Autora también de la página especialistaenamor.com, explica qué esperan del amor hombres y mujeres.

¿El amor es una utopía?

La posmodernidad es una etapa marcada por la insatisfacción permanente. El hambre de emociones intensas nos condena a la frustración. El amor se nos vende como un estado permanente e ideal a través del cual llegar a la felicidad total. Es un refugio en el que mucha gente busca la “salvación” individual. Al ser un ideal, la realidad no hace sino frustrarnos. Cuantas más expectativas nos hacemos en torno a nuestra pareja ideal, más sufrimos y más nos desencantamos. Idealismo y realismo son polos opuestos.

¿De dónde nace ese ideal?

El romanticismo es un producto de la cultura patriarcal. Es un fenómeno que comenzó en el XIX con la venta masiva de novelas románticas  y que consolidó el cine de Hollywood, y ahora también la industria de Bollywood. Se ha expandido por todo el planeta, como una epidemia cultural.

¿Qué rol asigna el amor romántico a los hombres?

A los hombres jóvenes se les concede el rol de animal salvaje. Su función es vivir aventuras y tratar de huir del compromiso pero disfrutando de las mujeres. Una vez casado, al hombre se le asigna un rol protector con su familia, es la cabeza pensante.

¿Y a las mujeres?

Se nos asigna un papel doble. Por un lado están las cazadoras de hombres, representadas como voraces e insaciables porque sienten deseo propio y buscan formar una pareja con un hombre que las satisfaga y las mantenga. Por otro lado están las que ejercen un rol pasivo, encerradas en casa esperando a que llegue el príncipe azul que le otorgará una identidad y colmará su vacío existencial.

¿Siguen ellas soñando con el príncipe azul?

Las mujeres a menudo asumen que son menores de edad que precisan de cuidados constantes. Antiguamente las mujeres solo podíamos ascender en la escala socioeconómica a través del matrimonio: las mujeres no podían abrir una cuenta bancaria sin sus padres o maridos. Por eso siempre deseaban que un hombre les otorgase el papel de adultas y les permitiese tener presencia social en los actos públicos de su esposo. Ese deseo mitifica la figura masculina a ojos de las mujeres, que buscan en ellos protección, placer y cariño, seguridad, estabilidad y sobre todo, felicidad. Aunque después su vida conyugal sea un infierno.

¿Y ellos, quieren ser príncipes azules?

El amor es cada vez más importante para los hombres, pero han sido educados para no renunciar nunca a su libertad. Muchos de ellos huyen del amor porque tienen miedo a ser dominados por la mujer. Si pensamos en la figura tragicómica del calzonazos nos damos cuenta del terror masculino al poder femenino. Es lo que probablemente impida a los hombres tener relaciones igualitarias. Las mujeres hemos sido representadas tradicionalmente como devoradoras insaciables.

¿Quién sufre más por amor?

Todos sufrimos con la misma intensidad. Las mujeres tenemos más herramientas para expresarlo y comunicarlo: dominamos el lenguaje de los sentimientos y podemos desahogarnos con amigas y amigos. El tradicional hermetismo de los hombres les lleva a padecer el sufrimiento en silencio, porque les cuesta más tener conversaciones íntimas en las que muestren su vulnerabilidad.

¿Están los hombres desorientados ante la mayor independencia de la mujer?

Hay autores que hablan de la crisis de la masculinidad. El macho ibérico está en decadencia y es ridiculizado en la televisión. Además, el proceso de independencia de las mujeres está siendo arrasador para algunos: han sido educados para entender que el papel de las mujeres es cuidarlos y asistirlos; les choca que su compañera gane un sueldo superior al suyo. Las técnicas de reproducción asistida también les quita su importancia, porque una mujer puede procrear sola gracias a la tecnología, sin necesidad de tener pareja.

¿Cuál es el aspecto del amor romántico que más perjudica a los hombres?

La cultura patriarcal ha enseñado a los hombres a ser fuertes, valientes, violentos, protectores. Tienen que defender a su familia, trabajar deslomándose para mantenerla y lograr el éxito en su vida profesional. Los hombres de verdad tienen que ser viriles, con un apetito sexual devorador, y se les reclama que cumplan en la cama siempre, como si fueran máquinas perfectas de erección y eyaculación. Hoy los hombres antipatriarcales quieren deshacerse de estos imperativos culturales y reclaman el derecho a ser sensibles, pacíficos, a relacionarse de otra forma con las mujeres, en un plano de igualdad, de respeto mutuo, de generosidad y comunicación.

¿Transmiten los cuentos tradicionales un esquema machista basado en el ideal del amor romántico?

La representación de las mujeres como seres inferiores, débiles, pasivos, miedosos, o malévolos (las madrastras de Blancanieves y de Cenicienta) que viven esperando ser las elegidas, ha hecho mucho daño a la autoestima de las mujeres. Las mujeres de los cuentos se conforman y esperan. Los hombres representan lo positivo, el progreso, la mejora, la superación de obstáculos, la valentía, la capacidad de luchar, la fuerza y la nobleza del espíritu, porque se embarcan en misiones heroicas para restablecer la justicia, y eso les da sentido a su vida y un lugar en el mundo. Las mujeres son recompensas a esos triunfos, como lo son las piezas de caza.

¿Habría, entonces, que prohibir su lectura en las escuelas?

Hay que empezar a crear contenidos en los que las mujeres sean protagonistas de su vida, donde se reflejen los valores positivos y las habilidades femeninas.  Se trataría de poner al revés esos cuentos, aprovecharlos para que el alumnado analice esos estereotipos sexistas, no sólo en los cuentos tradicionales, sino también en los anuncios publicitarios, los programas de televisión, los videojuegos, las películas.

¿Se pude superar el modelo del amor romántico?

Va evolucionando, pero cada vez es más consumista, más cerrado en sí mismo, más idealizado. En la posmodernidad el ego es narcisista y miedoso. El amor entre estos egos está preñado de otros intereses que nada tienen que ver con el amor: acumular bienes, aparentar, pagar hipotecas a medias, vivir en sociedad. El modelo de amor ideal es aquel que no está basado en la necesidad ni el miedo a la soledad. Un amor exento de ansias de exclusividad, un amor libre en el que no existiese el concepto de propiedad privada.

PUBLICADO EN AUX MAGAZINE, Nº 42

(www.auxmagazine.com)

Entrevista a Alejandro Pelayo, respondida por teléfono

MARLANGO

La vida es juego

Marlango presenta nuevo disco: ‘Life in the treehouse’ (se puede escuchar aquí). El el grupo liderado por la actriz Leonor Watling se quita los abrigos y se sacude de un plumazo ese aire tristón y melancólico que caracterizaba sus trabajos anteriores. El jazz nocturno deja paso a un pop alegre y juguetón que anuncia el final del invierno. Poco queda ya de los sonidos oscuros y el humo de cabaret que destilaban sus discos anteriores. El cuarto trabajo de la banda irradia luminosidad, color y optimismo. Y hay una razón de peso para esta evolución. O dos: los nacimientos de Luca, el hijo que Leonor ha tenido con el también músico Jorge Drexler, y Oliver, el hijo de Alejandro Pelayo, pianista del grupo. El álbum, compuesto de canciones sencillas, irradia la luz del nuevo estado de ánimo de Marlango, que se sube a su casa del árbol para recordarnos que la vida puede ser cosa de niños. El 27 de mayo actúan en el Teatro Arriaga de Bilbao.

– Nuevo disco, ‘Life in the Treehouse’. La vida en la casa del árbol. ¿Qué significa para vosotros una casa en un árbol?

Por un lado, es el lugar físico en sí. Un lugar en el que te gustaría esconderte y escapar. Un lugar en el que puedes estar separado del suelo y refugiarte del ruido, de la prisa, de las ciudades y todas las cosas que te queman en el día a día. Pero también es la idea de alguien que no ha perdido la capacidad de jugar, que está en contacto con todas esas cosas que vamos perdiendo a medida que van pasando los años y que no deberíamos perder.

-¿Tenéis, por casualidad, alguna casa en un árbol?

El escenario es nuestra casa del árbol. Compartir tu música con la gente que te ha ido a ver es una sensación que no quieres que termine.

-Ese carácter lúdico que comentabas ha dado como resultado un disco mucho más pop, con un color que se aleja de la oscuridad de los discos anteriores.

Hemos introducido muchos ingredientes y elementos a la música que veníamos haciendo. Les hemos quitado a las canciones la bufanda y el abrigo. Ahora son canciones mucho más ligeras. Pasan un poco más de puntillas, pero son mucho más manejables a la hora de tocarlas y eso hace que estemos disfrutando mucho en los directos.

– ¿Dónde han quedado el humo, la noche, y los sonidos oscuros?

Estan ahí, en ‘You won’t have me’, en ‘Thank someone tonight’. Están en un montón de canciones. En el escenario, incluso cuando nos ponemos muy energéticos, es siempre una alegría de tipo B. Estamos en un término medio, ni muy dramáticos ni muy eufóricos.

– ¿Sigue siendo Tom Waits un gran referente?

Espiritualmente sí, musicalmente no tanto. Cogimos el nombre del grupo de una canción suya, pero en realidad se nos fue de madre. Se nos hizo demasiado grande. Lo veneramos en la misma medida que a Leonard Cohen, a Manolo García. (Pausa). En realidad me da pudor hablar de Tom Waits.

-El single, ‘The Long fall’, es una buena muestra de la luminosidad que caracteriza el nuevo disco. ¿Habéis dado un giro definitivo hacia el pop?

No lo tenemos claro. Estas canciones nos han llevado ahí, pero a lo largo de esta gira que acabamos de empezar están surgiendo nuevas canciones, y vete a saber cómo acabarán sonando.

– También hay algunos aires folk en temas como ‘Let the sky fall’ y ‘I don´t really want to know’. Habéis experimentado con algunos sonidos que no aparecían en discos anteriores.

Eso tiene que ver con el mismo ritmo de la canción. Desde muy al principio del proceso nos dimos cuenta de que cada canción era lo que parecía y que había que darle lo que estaba pidiendo a gritos. En este disco hay más guitarras desde el principio, desde el mismo momento de composición. Y al final el arreglo se va colocando solo. Después te das cuenta de que tienes que responder a este tipo de preguntas que no te habías planteado hasta que no has escuchado la canción terminada. No es que nos hayamos planteado: vamos a hacer un tema que tenga una dosis folk. Eso no nos sale. La experiencia nos dice que son las canciones las que te llevan a ti.

-¿Es imposible predecir su camino?

Nuestro oficio pasa por estar lo más atentos posibles para darles el espacio que quieren coger. Por mucho que tú quieras empujarlas hacia un lugar, al final las cosas son como tienen que ser y haces la música que te mereces, no la que te gustaría. Es como cuando te miras a un espejo. A todos nos gustaría vernos más altos y más guapos, pero el espejo te devuelve lo que eres.

En estos dos años que separan ‘Life in the treehouse’ de vuestro anterior trabajo, ‘Electrical morning’, Leonor ha sido madre de un niño, Luca, y tú has sido padre de otro, Oliver. ¿Han influido estos nacimientos en esa luz que irradia el disco?

Sí. Hace tres años nadie tenía niños y ahora mismo hay 9 bebés en Marlango, entre los del equipo artístico y el equipo técnico. Eso, quieras que no, marca mucho. La dosis de alegría es inevitable. Pero además, la cantidad de viajes que hemos hecho durante las tres giras anteriores, la cantidad de kilómetros y de experiencias maravillosas que hemos compartido juntos, hacen que en algún momento estés ya cansado de estar triste, melancólico, y lo que quieres es festejar y celebrar el tipo de vida y el trabajo que tenemos, y la suerte de que haya gente a la que le guste lo que hacemos.

-¿Os habéis quitado de encima la tristeza que podía percibirse en los discos anteriores?

Sí. Cuando estás solo asumes el paso del tiempo de una forma dolorosa, pero cuando tienes niños dejas de pensar en ti. Es algo muy descansado. Dejas de preocuparte por tonterías porque tienes algo mucho más importante de lo que ocuparte y ves que la realidad es maravillosa. Y el día a día es muy divertido.

-Esa alegría que dan los niños puede apreciarse en temas como ‘Let the sky fall’ y ‘Play boy play’, canciones que tienen incluso algo de nana. ¿Es algo consciente o es que la presencia de los niños se cuela sin querer en las composiciones?

Es una mezcla de las dos cosas. Pero el componente infantil siempre estuvo muy presente desde el principio. ‘It’s alright’, del primer disco, es una canción muy infantil que parte de un dibujo. También  ‘Pequeño vals’, de ‘Automatic Imperfection’. El componente infantil está y nos gusta que esté. El verbo en inglés para tocar es ‘play”, jugar. Tocar y jugar es lo mismo.

-En ‘The Answer’, tercer tema del disco, se puede oír la inconfundible voz de Rufus Wainwright. ¿Cómo conseguisteis que colaborara en vuestro disco?

Leonor ya lo conocía de antes. Se fue a Zaragoza a tomar un café con él. Le enseñó lo que teníamos en ese momento y le preguntó si le apetecía grabar algo para nosotros. Nos mandó unos elementos muy delicados para los coros y la melodía del piano. La canción con él es fantástica.

– ¿Habéis estado con él después de eso?

No. Hemos intercambiado e-mails, pero no nos hemos visto. Cuando venga por aquí a tocar en mayo intentaremos acercarnos a darle las gracias otra vez.

-¿Creéis que la gente os sigue viendo como el grupo de Leonor Watling?

Habrá muchos que sí, pero creo que la inmensa mayoría de los que nos han venido a ver alguna vez no lo pensarán. Pero por otro lado, sí, somos el grupo de Leonor Watling, no hay ninguna parte oscura en eso. Todos los grupos de la historia de la música suelen ser llevados, en su inmensa mayoría, por el cantante. Es el que lleva el timón de las canciones. En Marlango se da el añadido de que la cantante no sólo lleva el timón de las canciones, sino que lleva el peso de la imagen del grupo, es la portavoz, es la chica, es todo. Es lo mejor que tenemos. Si alguien lo dice con un componente despectivo es como si alguien me dice: oye, cántabro. Pues sí, efectivamente. Estoy muy contento de haber nacido en Cantabria, lo mismo que estoy absolutamente feliz de que Leonor sea Marlango y de que Marlango sea Leonor. No hay separación.

-Los conciertos que tenéis previstos para esta gira son principalmente en teatros. ¿Es un disco que se disfruta más sentado que de pie?

Ahora son teatros porque estamos en invierno, pero cuando empiece a hacer bueno empezaremos a tocar al aire libre, con la gente de pie. El teatro es mucho más apropiado desde el punto de vista técnico, del sonido, pero lo otro es muy divertido.

– ¿Tenéis previsto algún concierto en el extranjero?

Sí. Vamos a Argentina, a Uruguay, a Francia, y a Alemania.

– ¿Volveréis a ir a Japón?

Ojalá. Ojalá nos vuelvan a llamar.

Vídeo del single, The Long Fall:

Coordinador de Gizon Ekimena

IÑAKI KASARES

“Los hombres igualitarios están de moda, y eso me crea desconfianza”

La agenda de Iñaki Kasares se reparte entre el trabajo en el Euskaltegi Municipal de Santurtzi, la coordinación de Gizon Ekimena y su labor como padre. A partes iguales. Reivindica la paternidad igualitaria y predica con el ejemplo. Impulsor del grupo de hombres por la igualdad de Santurtzi, Gizon Ekimena, reconoce que aún hay un largo camino por recorrer para equilibrar los roles de madres y padres.

-¿Qué es la paternidad igualitaria?

Una paternidad que implica los mismos deberes, responsabilidades y disfrutes que una maternidad.

-¿Cómo es un hombre que practica esa paternidad?

No conozco a nadie que haya llegado a ese ideal. Hasta ahora hemos tenido un papel de proveedores, de protectores y de castigadores. Tenemos que recuperar nuestra habilidad para cuidar gente y disfrutar haciéndolo.

-¿Debe el hombre renunciar a privilegios?

Claro. La paternidad no es solo cuidar a los hijos, hay un montón de tareas del hogar que no hacemos. Por otra parte, se renuncia a ciertos privilegios, pero se recuperan otros, como la cercanía con una persona. Recuperar el contacto de verdad supone una mejora en las relaciones.

-¿Es posible reprogramar la mentalidad de alguien que ha sido socializado en valores machistas?

Sí. Los hombres no somos opresores, violentos, duros y rígidos por naturaleza. Tenemos que regresar a un lugar. No tenemos que coger nada de fuera. Hay que quitarse cosas.

-¿Qué opinas sobre expresiones como “estamos embarazados”?

Hay cierta corrección política. Los hombres igualitarios están de moda, y eso me crea desconfianza. Yo no me voy a quedar embarazado. Participo en ese proceso en la medida en la que puedo. Ahora, lo veo bien si implica una voluntad de involucrarse en un proceso.

-¿Por qué se ha llamado a este proceso paternidad igualitaria y no maternidad igualitaria?

Porque somos los padres los que tenemos que ser iguales a las madres.

-¿Qué hacéis en Gizon Ekimena para fomentar la paternidad igualitaria?

Hemos hecho un videofórum con el documental ‘Aitak’, de Aitzol Aramaio. Comentamos lo visto, hablando cada uno desde su experiencia como padre. Escuchando a los padres salen cosas muy bonitas, y se caen muchos clichés.

-¿Existen reservas en los hombres para hablar de sentimientos?

Sí. Entre todos los papeles que nos ha dado esta sociedad el que más daño nos ha hecho es no poder sentir. Una persona que no puede sentir es una persona que está castrada.

-¿Cómo animarías a un hombre a que se decida a ser un padre igualitario?

Saber que hay una persona que es parte de ti y cuidarla es maravilloso. Además mejora las relaciones personales, y eso redunda en un beneficio propio.

TÍTULO: El consuelo

AUTORA: Anna Gavalda

TÍTULO ORIGINAL: La Consolante (Traducción de Isabel Gonzalez Gallarza)

EDITORIAL: Seix-Barral

PÁGINAS: 558

PRECIO: 21,00€

Sonría, por favor

Charles Balanda es arquitecto. Tiene 46 años y una vida aburrida. Vive junto a una mujer que ya no lo quiere y la hija de esta, una adolescente a quien no consigue conocer. Su vida transcurre entre aeropuertos, viajes y hoteles de países extranjeros en los que no encuentra con quien cruzar unas palabras, sino consigo mismo. Pero un día recibe una carta en la que se le informa de la muerte de una mujer a quien amó en su juventud. Charles comienza entonces a revolver en su memoria, poniendo patas arriba su hasta entonces cómoda, y gris, estabilidad. Lo que Charles desconoce es que en esa búsqueda de reconciliación con su pasado lo que encontrará es, en realidad, respuestas para su futuro.

Una novela escrita con sencillez y un afinadísimo sentido del humor que nos dibujará  una sonrisa permanente a medida que penetramos en una historia de amor protagonizada por personajes que bien podrían ser nuestros vecinos, amigos o uno mismo. Una necesaria lectura en estos tiempos de pesimismos enquistados que permite, con acertada ironía, reírnos de nosotros mismos y nos descubre que la felicidad puede estar a la vuelta de la esquina.

Su hermana mayor lo mira mal. Él le dedica un brindis. Ella insiste con su miraditas. Él le declara sonriendo, articulando muy bien cada sílaba:

– Françoise… por una vez, por una puta vez en tu vida… déjame en paz…

Françoise busca con la mirada al idiota de su marido, a su caballero andante, para que la defienda, pero éste no entiende su mímica de dama ultrajada. Françoise se descompone. Por suerte, tachán… ¡Aquí está la otra!

Bilbao-New York-Bilbao; Elkar argitaletxea

Bilbao-New-York-Bilbao es  un viaje en avión desde la capital vizcaína hasta la ciudad de Nueva York, con escala en Frankfurt.  Ese viaje sirve, en realidad, como soporte para que  Kirmen Uribe retrate la historia de tres generaciones distanciadas en el tiempo pero unidas por un elemento común: su estrecha vinculación al mar.

Anoche, el Teatro Campos fue testigo de las reflexiones en torno a la novela que el propio Kirmen Uribe realizó en una distendida charla mantenida sobre el escenario con el presentador Félix Linares. Se registró un pleno en el patio de butacas, donde la gente escuchaba con especial atención las palabras de la nueva revelación de las letras vascas. No es difícil quedar embelesado por el tono suave de la voz de Kirmen, su ritmo pausado y el contenido profundo y sentido de sus palabras.

El escritor de Ondarroa habló de la autoficción, ese género a mitad de camino entre la autobiografía y la ficción, que está en la base de su primera incursión en la novela. Personajes reales se mezclan con personajes inventados. La necesidad de verosimilitud justifica la presencia de los primeros. ¿Y la ficción? “Es, simplemente, necesaria para novelar”, dice Kirmen. Felix Linares, como hombre de cine que es, recuerda entonces una pregunta realizada a Meryl Streep: “¿Por qué es necesaria la ficción?” le preguntan. “Para contar historias reales”, contesta la actriz.

El alcalde Iñaki Azkuna irrumpe en el escenario para leer su crítica sobre el libro de Kirmen. “Va a ser larga”, afirma. Extensa sí, pero el tiempo pasa rápido mientras resume la esencia del libro de Kirmen con apreciaciones personales que arrancan varias sonrisas entre el público.

La fragmentación de la novela será otra de las reflexiones sobre la que gira la conversación entre Kirmen y Linares, tras la intervención del alcalde. El escritor explica su necesidad de encontrar la forma de narrar una historia de personajes vinculados al mar de un modo diferente al que lo hicieron otros novelistas vascos, como Gabriel Aresti. Y esa búsqueda de un nuevo lenguaje, de una nueva estructura, de un nuevo modo de novelar, se convierte así mismo en eje vertebrador de la novela,  metanovela. “La gente debe saber que los escritores dudamos constantemente”, afirma Kirmen.

Kirmen Uribe

El autor lee varios fragmentos del libro. Se evidencian en su narrativa los orígenes poéticos del ondarrés: la atención al detalle,  la pincelada rápida, el ritmo ágil. Kirmen tiene esa capacidad de extraer de las cosas pequeñas grandes reflexiones sobre el comportamiento de las personas. Arrainek eta zuhaitzek elkarren antza dute. Antza dute uztaiengatik (…) Uztaiak arrainetan legez, gertaera latzak geratu egiten dira gure memorian. Tiene habilidad para la síntesis, para la condensación.

Gari sale al escenario. Canta Zaharra zara Bilbo mientras se proyectan imágenes del Casco Viejo bilbaíno. Kirmen lee otro fragmento y Gari vuelve a salir al escenario: Esperantzara kondenatua. Otro fragmento, el último, y esta vez el propio Kirmen se queda en el escenario, junto a Gari, y se anima a los teclados. Un acto redondo.

Bilbo-New York-Bilbao; Seix Barral (en castellano)

Kirmen Uribe ha recibido el último premio Nacional de Narrativa 2009 por su novela Bilbao-New York-Bilbao. El libro, escrito en euskera, ha sido publicado en castellano por Seix Barral.

La cerveza no es para las mujeres. Eso es al menos lo que parecen pensar los publicistas encargados de idear las campañas de las distintas marcas cerveceras del mundo. Basta con echar un fugaz vistazo a los anuncios que actualmente se emiten en nuestra televisión para comprobar que los protagonistas son siempre hombres. Ellos son los consumidores, los que deciden cuál es la buena cerveza, los que se benefician de la supuesta felicidad que aporta el consumo de esta bebida que suele ir ligado a los valores de libertad, independencia, originalidad, creatividad y sociabilidad. El papel de la mujer se ve reducido al de mero objeto de deseo, al de mujer castradora que impide al hombre desarrollarse plenamente, o al de simple compañera en la felicidad que aporta el consumo de esta bebida, pero siempre en un plano secundario.

Empecemos con uno de los spots más recientes de Heineken. Si bien es cierto que conjuga con humor algunos de los tópicos de la cultura consumista, el mensaje es claro: la cerveza es de los hombres, ellas ya tienen sus trapitos para divertirse.

El siguiente anuncio de Cruzcampo no deja ningún lugar a dudas. La cerveza sirve para desestresarse, preferiblemente después del trabajo. Eso sí, si uno es hombre y tiene unos amigotes para celebrarlo. Ellas parecen no tener lugar en ese momento de distensión después de la jornada laboral. Seguramente se irán derechitas a casa, ya se sabe, su hábitat natural.

En este otro Mahou hace hincapié en la espontaneidad que aporta el consumo de su producto, haciendo que el hombre (masculino) pueda ponerse en contacto con sus comportamientos más irracionales sin avergonzarse, porque también es el único ser capaz de superar cualquier barrera del conocimiento. Se deja bien clarito desde el principio: “El hombre (pronunciado con solemnidad). Una sofisticada estructura intelectual”. Bla, bla, bla. Claro que se podría argumentar que el sustantivo “hombre” hace referencia a la especie humana en general, pero ¿por qué en todas las imágenes que acompañan a esa voz en off solo aparecen seres humanos masculinos?

Sigamos con Amstel. La marca holandesa nos deleita con un par de joyitas que, además de perpetuar la idea de que la cerveza es cosa de hombres, ofrece la peor imagen que se puede dar del género masculino.

Bajo el lema ‘Sabemos lo que nos gusta’, este anuncio no sólo deja claro que los consumidores son ellos, que son también quienes saben elegir lo bueno, sino que plantea toda una lucha de sexos porque, al parecer, ellas no saben entender las pequeñas cosas que les hacen felices a ellos, toda una serie de tópicos que dibujan a un hombre más simple que el vocabulario de la Esteban. Claro que toda la fortaleza femenina de esa lucha se derrumba en cuanto ellos pronuncian las palabras mágicas. Qué tierno.

Tampoco mejora la cosa en este otro anuncio de la misma marca. Tirando de otro tópico, la obsesión de los hombres con el tamaño de… las cosas (dejémoslo así), Amstel brinda a esos hombres un nuevo tamaño de lata para prolongar el momento de felicidad que aporta el consumo de la cerveza. Porque ellos saben lo que le gusta. ¿Y ellas? No saben/no contestan.

Este otro anuncio de Voll-damm pretende ofrecer una nueva imagen de hombre moderno, transgresor e inconformista, cuando en realidad no hace más que perpetuar la imagen de hombre dominante. Se jacta de ser original, desobediente y, sobre todo, nada normal. Y se queja de una mujer que no le permitía ser él mismo (la mujer castradora) porque ella no es capaz de comprender la brillantez de su persona.

¿Es casualidad que distintas marcas coincidan en la imagen que va unida al consumo de cerveza? ¿Cómo contribuyen en la construcción de los roles asociados a hombres y mujeres? ¿Cuánto tienen de inocente e inofensivas estas campañas?

Dejo aquí un  enlace por si sirve a alguien para dar respuesta a alguna de las preguntas anteriores.

Y para endulzar un poco el sabor amargo, este último enlace en el que mujeres y hombres (y viceversa) disfrutan de la cerveza:

Nerea Aresti, profesora de Historia contemporánea en la UPV


“Los hombres también ganan con la igualdad”

Imagen tomadad de http://taikarame.wordpress.com/2009/01/25/por-la-igualdad-lecturas-recomendadas/

El hombre está en crisis. Lo están, al menos, los valores que venían definiendo la masculinidad tradicional. En pleno proceso de transformación conviven modelos  contradictorios que confunden a los hombres. Nerea Aresti, especialista en conflictos de género, lleva años estudiando los ideales masculinos. Inmersa en la preparación del libro Masculinidades en tela de juicio, desvela las claves para comprender el nuevo papel del hombre en la sociedad actual.

¿Qué son los ideales de masculinidad?

Modelos presentes en la sociedad que sirven de referencia a los hombres: marcan cómo se ven a sí mismos y cómo los ve la sociedad. Son construcciones culturales que cambian a lo largo del tiempo.

¿Cuáles han sido las transformaciones más significativas de los últimos años?

Estamos en un momento de cambio profundo. Han ido desapareciendo los elementos de jerarquía, de sometimiento de la mujer, y va apareciendo un hombre con una nueva visión de la paternidad.

– ¿Hay resistencias al cambio?

Sí. El nuevo modelo implica renuncias por parte de los hombres, porque pierden privilegios. El modelo de hombre tradicional era aquel que llegaba a casa, los hijos le traían las zapatillas, la mujer le ponía la comida encima de la mesa. Se le cuidaba. Podía desarrollarse en el espacio de lo público, cosa que no podían hacer las mujeres.

-¿Existe todavía ese esquema?

En una sociedad en la que trabajan hombres y mujeres, llegar a casa y que sean ellas las que hagan las tareas es un privilegio, y cuesta renunciar a él.

-¿Están los hombres algo desorientados?

Totalmente. Miran alrededor buscando referentes y a veces esos referentes son contradictorios. Es difícil crearse una identidad cuando hay modelos en cambio. Crea desasosiego, incertidumbre y miedo. Y el miedo a perder posiciones y poder genera violencia. La violencia de género está relacionada con este cambio.

-¿Dónde pueden acudir los hombres en esos casos de incertidumbre?

Hay asociaciones que quieren utilizar la dimensión colectiva para hacer el camino del cambio juntos. La Asociación de Hombres por la Igualdad de Género hace hincapié en la idea de que el cambio no sólo supone una pérdida, sino que los hombres también ganan con la igualdad.

¿Qué ganan?

Toda esa dimensión del ámbito de los sentimientos, una serie de manifestaciones y emociones que estaban prohibidas a los hombres. También aspectos relacionados con el cuidado personal y con la imagen.